§ 8.14. Cena

En febrero del 2011, durante una cena de los líderes corporativos de Silicon Valley con el entonces Presidente Barack Obama, se le pidió a cada uno de los invitados que trajera una pregunta para el jefe de estado. Se dice que cuando Steve Jobs estuvo a punto de hablar, Obama lo interrumpió con una pregunta propia: “¿qué se necesitaría para que los iPhones se produjeran en Estados Unidos?”

Las políticas de empleo de Apple son bien conocidas:

No hace mucho, Apple se jactaba de que sus productos se fabricaban en Estados Unidos. Hoy, pocos lo son. Casi todos los 70 millones de iPhones, 30 millones de iPads y 59 millones de otros productos que Apple vendió el año pasado fueron fabricados en el extranjero. 

“¿Por qué ese trabajo no puede volver al país?” Preguntó el Sr. Obama. 

La respuesta del Sr. Jobs fue inequívoca. “Esos trabajos no van a volver”, dijo, según otro invitado a la cena.1

La respuesta de Jobs lo dice todo: no solo refleja las prioridades del sector tecnológico y la ética neoliberal anti-intervencionista que sustenta a la totalidad del mundo corporativo. Revela que son las empresas y no el gobierno las que tiene la última palabra a la hora de generar empleo. Por supuesto, el sector tecnológico no se ha quedado a la zaga de la tendencia de subcontratación a gran escala que empezó a la década de los ochenta. De las aproximadamente 700.000 personas que fabrican, construyen y montan los iPads, iPods y iPhones, aparte de las tareas de diseño (designed by Apple in California, se repite como un mantra al abrir cualquiera de sus productos) casi ninguna trabaja en Estados Unidos. Las condiciones laborales de estos trabajadores no declarados de Apple, dicen Chris Hedges y Joe Sacco,

tipifican la miseria soportada por la mano de obra de las corporaciones globales: bajos sueldos, horarios abusivos, jornadas de más de 12 horas diarias todos los días de la semana, dormitorios sórdidos y hacinados, hinchazón en las piernas y dificultad al caminar debido a las horas en bipedestación, trabajadores infantiles, residuos peligrosos mal eliminados, historiales falsificados, desprecio cruel por la salud de los trabajadores, incumplimiento o laxitud de las normativas de seguridad laboral, y represión sindical.2


  1. Charles Duhigg y Keith Bradsher, “How the U.S. Lost Out on iPhone Work,” New York Times, January 21, 2012, https://www.nytimes.com/2012/01/22/business/apple-america-and-a-squeezed-middle-class.html ↩︎
  2. Hedges y Sacco, Días de destrucción, días de revuelta, 86.  ↩︎

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