Locus terribilis propone una ampliación y desplazamiento de la exceptio agambeniana: ya no pensar el nomos de la soberanía, sino su topos, el lugar arcaico donde aquella se engendra y desde el cual irradia todas sus metamorfosis históricas. Este lugar terrible —el paradeisos, antiguo parque de cacería del medio oriente— aparece como el umbral originario: una zona de indistinción en la que vida y poder, presa y soberano, se confunden para dar nacimiento a la figura que dominará la imaginación política occidental. En su arquitectura ritual, el paradeisos no es solo un antecedente simbólico, sino el escenario recurrente que reactualiza, en cada época, la excepción soberana.
Concebido como un proyecto de apuntes numerados, Locus terribilis recurre a la filosofía, el arte, la literatura y la cultura popular para trazar una cartografía de la soberanía y del resurgimiento incesante de su lugar terrible en distintas dimensiones de la vida contemporánea. Su estructura es deliberadamente interconectada: cada apunte remite a otros mediante hipervínculos internos, permitiendo que el lector navegue por una red o laberinto de asociaciones conceptuales y narrativas. Más que un recorrido lineal, el proyecto ofrece un sistema de pasajes que reproducen la lógica del propio locus: un espacio de tránsito, eco y resonancia donde las ideas se acechan como figuras en un antiguo parque de cacería.
Organizado en dos mitades —figura y escenario—, precedidas por un preámbulo (0. – 0.20) y divididas por un umbral (0.21 – 0.30), el proyecto reconstruye primero la genealogía de la figura soberana: desde sus raíces divinas hasta sus modulaciones modernas en el dandi, la celebridad, el dictador y la estrella. La segunda parte se orienta al desplazamiento del locus terribilis hacia las formas políticas, económicas, mediáticas y digitales de nuestro tiempo, revelando cómo el antiguo parque de cacería persiste, transfigurado, en las infraestructuras que organizan y condicionan nuestra existencia. En conjunto, Locus terribilis funciona como un diario de viaje por los paisajes desolados que definen nuestra época.
Mauricio Loza, enero 2026