§ 0.6. Aornos/Averno

En La Eneida Virgilio hace una de las más famosas descripciones del umbral de las moradas infernales. Por consejo de la Sibila de Cumas Eneas debe tomar un retoño de un árbol de ramas doradas que crece en un claro cercano a la entrada del inframundo. Una vez se ha hecho a la rama del muérdago —una planta cuyas hojas verde pálido adquieren un tono dorado durante el invierno—, y ha ofrecido los sacrificios debidos a las deidades del inframundo, Eneas se encamina al umbral del Hades:

Había cerca de allí una profunda caverna, que abría en las peñas su espantosa boca, defendida por un negro lago y por las tinieblas de los bosques, sobre la cual no podía ave alguna tender impunemente el vuelo: tan fétidos eran los vapores que de su horrible centro se exhalaban, infestando los aires, de donde los griegos dieron a aquel sitio el nombre de Aorno.1

Aorno, “sin pájaros”, es el origen del nombre Averno. En el Fedro Platón argumenta que cuando el alma es perfecta es alada y agrega que «la virtud de las alas consiste en llevar lo que es pesado hacia las regiones superiores, donde habita la raza de los dioses».2 Un lugar en el cual están vetadas las aves, donde sus alas no sirven de nada, es un lugar donde se pierde la potencia del cielo y los poderes del mundo superior. 

En uno de sus poemas más conocidos, Emily Dickinson dice: «la esperanza es esa cosa con plumas/que se posa en el alma, y entona melodías sin palabras, y no se detiene para nada». Fue con razón que Dante puso a la entrada del infierno una breve leyenda que termina así:

Anteriormente a mí no hubo nada creado, a excepción de lo eterno, y yo duro eternamente. ¡Oh, vosotros los que entráis, abandonad toda esperanza!


  1. Virgilio, Eneida. VI 237-242. ↩︎
  2. Platón, Fedro, 293. ↩︎

Deja un comentario

Descubre más desde Locus Terribilis | Apuntes sobre el mundo contemporáneo como un escenario de desolación

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo