Por qué quiero joder a Ronald Reagan nos revela una cuestión esencial sobre la soberanía: el soberano/celebridad se ha convertido en una máscara (persona) que apalancada en la secularización da lugar a un mundo en el que la falsedad absoluta no sólo es posible sino necesaria para mantener el sistema en marcha. En las notas a La exhibición de atrocidades encontramos el siguiente comentario:
Ha ocurrido una banalización de la celebridad. Ahora se nos ofrece una fama instantánea, lista para mezclar, tan nutritiva como una sopa de paquete. Las serigrafías de Warhol muestran el proceso en acción. Sus retratos de Marilyn Monroe y Jackie Kennedy drenan la tragedia de las vidas de estas mujeres desesperadas, mientras que su paleta fluorescente las devuelve al mundo infantil e inocente de un libro para colorear.1
Van Heusen 356 (1985) y Vote McGovern (1972), que muestran a Reagan y Nixon en el colorido estilo de Warhol son tal vez los mejores ejemplos de la sosa estética que subyace a la política pop. Esta banalización se ha extendido como una neblina tóxica en los últimos cuarenta años. Uno de sus efectos es lograr la más completa confusión sobre las implicaciones y consecuencias de cualquier acto, ¿pues cómo podríamos ponerlo en perspectiva si la verdad ha dejado de ser un referente real?


Van Heusen 356 (1985) y Vote McGovern (1972)
Una anécdota que Ballard relata en las notas a esta pieza ofrece una curiosa prueba de la cuestión. En 1980, durante la Convención Nacional Republicana en Detroit —en la que Reagan compitió contra el ex-director de la CIA George H.W. Bush por la candidatura presidencial—, un grupo de activistas ideológicamente alineados con los situacionistas, repartieron copias de Por qué quiero joder a Ronald Reagan a los asistentes de la convención bajo el título de “encuesta presidencial republicana oficial de 1980” con el sello oficial del partido. La travesura pasó sin pena ni gloria y, según Ballard, el texto fue tomado «por lo que parece ser: un informe de situación psicológico sobre el atractivo subliminal del candidato, comisionado a algún comité de expertos disidente». 2
¿En que tipo de mundo podría una de las piezas de literatura más proféticas e incendiarias del siglo XX pasar desapercibida en una convención nacional?
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