§ 0.29. Castillo

La expresión literaria más inquietante del topos del burgo que acabo de describir se encuentra en El castillo de Kafka. En esta obra, inconclusa por la temprana muerte del autor, nos presenta una transformación moderna del burgo medieval en la que el castillo como centro de poder se convierte en un enorme vacío, una zona de indistinción, de donde mana la soberanía del lugar. El castillo, ubicado en una altura (0.28), más que una estructura arquitectónica es una presencia indefinida que preside sobre toda la aldea. No puede ser alcanzado por el camino principal, que primero se acerca para luego alejarse de él nuevamente, y solo puede vislumbrarse cuando sus contornos comienzan a desdibujarse en la penumbra. Por esta razón se le ha interpretado como una «imagen simbólica de la enorme complicación de la máquina administrativa por la que se rige la aldea»1.

Como toda zona de indistinción, el castillo configura una topología muy particular, un umbral en el que las categorías de lo legal y lo vital se confunden hasta desaparecer: 

¿Y qué era realmente allí la vida normal? En ninguna parte había visto K. hasta entonces lo oficial y la vida tan entrelazados como allí, tan entrelazados que a veces podía parecer que hubieran invertido sus respectivas posiciones.2

Ciertamente, un lugar donde lo oficial (bios) y la vida (zoé) se confunden constantemente tiene todos los rasgos de una pesadilla. El laberinto burocrático (0.15) que define al castillo se convierte en un purgatorio, un umbral entre lo que está y lo que no está contemplado por la ley, que puede ser la vida misma. Pero lo más inquietante de la visión de Kafka, aparte de la inaccesibilidad física y psicológica del castillo, es el hecho de que, a diferencia de los burgos medievales, el castillo de Kafka es una hipertrofia burocrática que no alberga una burguesía dentro de sus murallas, entendida como una clase social de mercaderes y artesanos que producen capital. Todos los habitantes del castillo trabajan y pertenecen a él; para ellos no hay adentro y afuera, la burocracia del castillo lo es todo. El castillo propone un monocultivo laboral que prescinde de todos los trabajos no relacionados con la administración de la aldea.

Por otra parte K., el personaje principal y trasunto de Kafka, podría renunciar a su puesto de agrimensor y abandonar la aldea pero está inexplicablemente atado —y sus actos lo llevan a atarse cada vez más—, a la maraña administrativa del castillo. Kafka deja entrever que no hay necesidad de ningún tipo cerramiento para que la influencia del castillo se extienda sobre K. y los habitantes de la aldea. Como diría Agamben, el castillo excluye a la aldea incluyéndola y la incluye excluyéndola. Como una premonición, el castillo configura un paradeisos sin muros que, como veremos en la segunda parte se deshará de sus murallas físicas y se irá extendiendo a lo largo y ancho de la sociedad principalmente en las esferas mediática, económica y digital. 


  1. Del prólogo de Jordi Llovet a El castillo que aparece en las Obras completas de Kafka de DeBolsillo, 7. ↩︎
  2. Kafka, El castillo, 73.  ↩︎

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