§ 6.6. El viejo de la montaña

En el Libro de las maravillas del mundo (1298), Marco Polo cuenta la historia del Viejo de la Montaña, legendario líder de la secta de los nizaríes del Islam chiita, que tenían su fortaleza en el castillo de Alamut en el macizo de Elzbur al sur del mar Caspio. Según Marco Polo, el Viejo de la Montaña —cuyo nombre real era Hasan Ibn Sabah—, había hecho construir en un valle, entre dos montañas, 

el más grande y hermoso jardín imaginable. Tenía todo tipo de frutos, y los más hermosos palacios del mundo, decorados en oro con figuras de animales y pájaros. Había conducciones por las que fluían agua miel y vino. Hermosísimos y doncellas cantaban, tocaban y bailaban maravillosamente. El viejo les hacía creer que aquello era el paraíso. Por eso lo hizo, por que Mahoma dejó dicho que el que alcanzara el paraíso tendría todas las mujeres que quisiese y encontraría en él ríos de leche, vino y miel. Así que hizo una cosa parecida a lo que había dicho Mahoma, y los sarracenos de aquella región creían realmente que aquello era el paraíso.1

La intención de Hasan Ibn Sabah para construir tan fiel imitación del paraíso islámico no era bienintencionada en absoluto. El viejo mantenía una corte de jóvenes a los que drogaba con hachís y hacía que los llevaran al jardín donde, al despertar, creían estar en la morada última de los justos (6.5). Este paradeisos, sin embargo, era en realidad una poderosa herramienta de manipulación política. Cuando Sabah quería matar a un rival hacía que las doncellas le dieran un brebaje soporífero al joven elegido y lo llevaran a su palacio. 

Cuando despiertan y se ven allí, se sorprenden y entristecen al verse fuera del paraíso. Inmediatamente se presentan ante el viejo, creyendo que es un gran profeta y arrodillándose ante él. Él les pregunta de dónde vienen. “Del paraíso”, le responden, al tiempo que le refieren todo lo que en él hay y el ansia que tienen de regresar allí. Y cuando el Viejo quiere matar a alguien […] llama a uno de los jóvenes y le dice: “Vete y haz esto que te digo, y te ordeno tal cosa por que quiero que vuelvas al paraíso”.2

En manos de Hasan Ibn Sabah el paraíso islámico se convierte en un paradeisos: un lugar cerrado y destinado a la cacería cuyo fin era manipular a jóvenes que eran poco más que presas de una versión espuria del Edén. Con Sabah y los nizaríes el paraíso terrenal se revela, por primera vez, como una herramienta de terror económico y político. Según Marco Polo sus rivales llamaban a los mercenarios del Viejo, hash-shashiyun, “consumidores de hachís”, expresión que supuestamente da origen a la palabra “asesino”. Esta etimología, sin embargo, nunca ha sido confirmada.  


  1. Marco Polo, El libro de las maravillas del mundo, 132-33. ↩︎
  2. Ibíd., 134. ↩︎

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