Una de las áreas donde se puede apreciar con más claridad el potencial y los alcances de la cacería de datos y la manipulación conductual es en las aseguradoras de automóviles. El negocio de estas empresas está íntimamente relacionado con el cálculo de riesgo —a mayor riesgo, mayor la cantidad de dinero potencialmente involucrada en un accidente—, que puede ser tratado en tiempo real a través de la telemática (telecomunicaciones e informática aplicada al control de objetos remotos). Con un flujo constante de datos provenientes del automóvil, la tecnología actual permitiría a las aseguradoras monitorear e influenciar directamente el comportamiento de sus asegurados mientras estos manejan:
A las compañías de seguros ya les es posible fijar unos parámetros específicos para la conducta de los conductores al volante. Pueden atañer a toda clase de factores: desde si se abrochan o no el cinturón de seguridad, hasta su nivel de velocidad, pasando por los tiempos de descanso, su manera de frenar o de tomar las curvas, su exceso de horas seguidas al volante, si conducen por territorios que no son el de su domicilio habitual o si entran a áreas restringidas. Estos parámetros se trasladan a unos algoritmos que continuamente monitorizan, evalúan y clasifican al conductor; esos cálculos son los que se traducen en ajustes de precios en tiempo real.1
Una vez procesados estos datos una aseguradora podría imponer castigos en tiempo real, como por ejemplo aumentos en las tasas de las pólizas, limitaciones de horario para mover el vehículo, apagado del motor, o también estímulos como descuentos o puntos por buena conducta. Esta minimización de riesgos a ultranza mediante una “certeza de datos” solo puede llevarnos a un determinismo conductual en el que la agencia del individuo se ve radicalmente reducida a límites impuestos por los intereses económicos de corporaciones. Un loop que se cierra peligrosamente sobre la autodeterminación humana.
- Zuboff, Capitalismo de vigilancia, 293 ↩︎
Deja un comentario