§ 0.2. Locus Amoenus

La importancia de este locus en la literatura occidental es inestimable y encuentra su máxima expresión en la poesía pastoral griega y latina. En efecto, Hesíodo se identifica con un pastor que apacenta sus corderos al píe del monte Helicón cuando las musas vienen a él con las palabras que se convertirán en su Teogonía. En las Bucólicas, Virgilio habla de Cromis y Mnasilo, dos faunos (también pastores) que encuentran a Sileno, el padre de Baco, borracho y dormido con un cántaro vacío colgando de una mano. En venganza por todas las veces que el viejo les ha engañado prometiéndoles versos, los jóvenes faunos lo atan con sus propias guirnaldas.

Agréganse a los tímidos mozos como compañera y les viene en ayuda Egle, la más hermosa de las Náyades, y, apenas abre los ojos, le pinta la frente y las sienes con rojas moras. Él, riéndose de la burla, «¿por qué me habéis atado?», les dice. «Desatadme, muchachos; basta que se vea que has podido atarme. Oíd los versos que deseáis que os cante: para vosotros, los versos; para ésta [Egle] reservo otra merced». Y al mismo tiempo empieza a cantar. Vieras entonces danzar a compás los Faunos y las fieras y mecer sus copas las ásperas encinas. No se alborozan tanto las rocas del Parnaso con los cantos de Febo, ni el Ródope ni el Ísmaro se maravillan tanto con los de Orfeo.1

Aparte de la velada amenaza sexual a la Náyade, que ya trataremos en su momento, el ambiente de esta bucólica es de un gozo y una suavidad incomparables, el mundo entero se regocija y juega como un niño mientras el anciano Sileno canta una breve cosmogonía.

El locus amoenus es, desde luego, inseparable de la utopía. En otra de sus Bucólicas Virgilio nos ofrece otra versión de este topos, que relaciona con el regreso a la edad de oro y la llegada de un mesías que los cristianos, argumentando que el poeta había sido inspirado por el dios verdadero, creían que se refería a Jesús y que, muy probablemente, hacía referencia al hijo de Cayo Claudio Marcelo y Octavia, hermana de Augusto, que moriría a los diecinueve años sin cumplir ninguna profecía:

Para ti, oh niño, producirá en primicias la tierra inculta hiedras trepadoras, nardos y colocasias, mezcladas con el risueño acanto. Por sí solas volverán las cabras al redil, llenas las ubres de leche, y no temerán los ganados a los corpulentos leones. De tu cuna brotarán hermosas flores; desaparecerán las serpientes y las falaces hierbas venenosas: por doquier nacerá el anomo asirio.2

Ya sea la Arcadia de Pan y su corte de Dríadas, los paraísos pastoriles y selváticos de Virgilio y Ovidio, el jardín de las delicias del Roman de la Rose y, más recientemente, Lothlórien en El señor de los anillos o los jardines eternos de Metrópolis, este topos hace referencia a un lugar que no ha sido corrompido por los abusos y perversiones de la civilización, donde la vida se vive en afinidad con la naturaleza. Por ello, este locus se desarrolló en firme asociación con la idea del Paraíso cristiano y la imagen bíblica del Jardín del Edén.


  1. Virgilio, Bucólicas. VI. ↩︎
  2. Ibíd., IV. La promesa mesiánica que los cristianos encontraban en este fragmento de Virgilio probablemente venga de su similitud con Isaías 11:1-6, que habla de la llegada de un niño que defenderá a los débiles y pobres y hará justicia a los enemigos del país. Durante su reinado: «… el lobo y el cordero vivirán en paz, el tigre y el cabrito descansarán juntos, el becerro y el león crecerán uno al lado del otro, y se dejarán guiar por un niño pequeño» ↩︎

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