La palabra paraíso, del iranio antiguo paridaya (a su vez del avéstico pairidaêza) significaba “jardín o parque amurallado”, que al pasar al acadio, una lengua semítica, se convirtió en pardesu. La idea de un jardín cerrado aparece nuevamente en el hebreo pardes, que figura tres veces en el Tanaj, la Biblia hebrea, con el significado de huerto o jardín frutal, particularmente en El cantar de los cantares. En la Septuaginta —traducción del Tanaj al griego koiné—, pardes aparece como paradeisos,que se usó para dar a entender no solo la idea de un huerto sino también la palabra gan “jardín”. Es de esta circunstancia de donde deriva el uso de la palabra Paraíso para referirse al Jardín del Edén (Gan Eden). En virtud de este campo semántico el Paraíso bíblico es un parque o jardín cerrado vigilado por un querubín, un enorme toro alado que blande una espada llameante. Por fuera del ámbito hebreo, el griego paradeisos también vino a referir un parque para animales y, en la Anábasis de Jenofonte, los jardines reales que Jerjes dejó en la ciudad de Celenas en su retirada de Grecia:
En ella tenía Ciro un palacio con un gran parque [paradeisos] lleno de bestias montaraces que solía cazar a caballo cuando quería hacer ejercicio con sus caballos. A través del bosque corre el río Meandro, cuyas fuentes están en el palacio; también corre a través de la ciudad de Celenas.1
Cazar bestias en un parque o un campo cerrado (en un “paraíso”, por decirlo de algún modo), es un tema con el que nos encontraremos en repetidas ocasiones en este estudio.2 De paradeisos como traducción del hebreo pardes también viene que en algunas versiones españolas de la Biblia encontremos que esta palabra se ha transcrito indistintamente como “huerto” o “jardín”. El Cantar de los cantares es un claro ejemplo de la cuestión. En lo concerniente a nuestro tema, este canto nupcial atribuido a Salomón nos ofrece una de las más refinadas expresiones del lugar ameno, en la que se asemeja a la amada con un vergel o un manantial:
Son tus labios, ¡oh esposa mía!, un panal que destila miel; miel y leche tienes debajo de la lengua; y es el olor de tus vestidos como olor suavísimo de incienso. Huerto cerrado eres, hermana mía esposa, huerto cerrado, fuente sellada. Tus renuevos o plantas de ese huerto, forman un vergel delicioso de granados, con frutos dulces como de manzanos: son cipros con nardos […] Tú, la fuente de los huertos, el pozo de aguas vivas, que bajan con ímpetu del monte Líbano. Retírate, ¡oh Aquilón!, y ven tú, ¡oh viento Austro!, a soplar en todo mi huerto y que se esparzan sus aromas por todo el mundo.3
La imagen de la amada como “huerto/jardín cerrado, fuente sellada” (hortus conclusus), además de ofrecer una metáfora de virginidad y pureza —y resaltar el carácter reservado y discreto, amurallado, del lugar ameno—,4 nos ofrece un punto de entrada a su antípoda emocional, el locus terribilis.
- Jenofonte, Anábasis. 1.2.7-8. ↩︎
- El carácter cerrado del paradeisos persa sobrevive en su etimología: “para” de la raíz protoindoeuropea per-, que también origina el cognado griego peri, “alrededor” (como en periferia), y “deisos” de la raíz dheig, “construir”, en este caso una pared o empalizada. Un paraíso es esencialmente un lugar rodeado por un muro. De un modo similar, la palabra española “jardín” y sus cognados jardin, giardino y garden, expresan la misma idea a través de la raíz *guer, “agarrar, encerrar” presente en el latín vulgar hortus gardinus que podría traducirse como “jardín cerrado” o, simplemente “jardín jardín”. ↩︎
- Cantares, 4:11-16. ↩︎
- Cabe mencionar que la metáfora “miel y leche tienes debajo de la lengua…” que aplica a la amada en el caso del Cantar de cantares, aparece también en Exodo 3:8 en referencia a la tierra prometida: “Y he descendido para librarlos de mano de los egipcios, y para sacarlos de aquella tierra a una tierra buena y espaciosa, a una tierra que mana leche y miel, al lugar de los cananeos, de los hititas, de los amorreos, de los ferezeos, de los heveos y de los jebuseos.” Leche y miel, ya sea bajo la lengua de la amada o fluyendo por la tierra, es una metáfora común para las variedades psicológica y topológica del lugar ameno. ↩︎
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