Rosencrantz y Guildenstern han muerto (1966), tragicomedia absurdista y existencialista del dramaturgo inglés Tom Stoppard, se centra en dos personajes de Hamlet que tienen muy pocas líneas en la obra de Shakespeare. Amigos de escuela del príncipe de Dinamarca, Rosencrantz y Guildenstern pasan el rato jugando preguntas para matar el tiempo mientras los llaman a escena, (aunque ya estén en escena). Siempre al margen, en un escenario oscuro y prácticamente vacío, ambos personajes están constantemente perplejos y confundidos con todo lo que sucede a su alrededor: nunca se les dice cual es su papel u objetivo y no recuerdan nada de lo que les sucedió antes del inicio de la obra:
Guil: (airado) Entonces, ¿qué esperas? (Triste) Actuamos sobre migajas de información…, escudriñando sentidos que apenas recordamos y que difícilmente podemos dilucidar por instinto. (Acto III).
Estos personajes “principales” están, literalmente, en la penumbra que colinda con la acción principal de Hamlet. Si tomamos a la obra de Shakespeare como una de las más lúcidas representaciones sobre la soberanía, Rosencrantz y Guildenstern han muerto correspondería al lugar terrible en el que habitamos la mayor parte del tiempo: lejos de la acción principal, sin tener muy clara la situación ni sus consecuencias. En pocas palabras, un umbral entre la realidad personal y la historia oficial, entre la vida del individuo y las ficciones creadas por el poder.
El estado mental de Rosencrantz y Guildenstern es idéntico a su situación “dramática”: en muchas ocasiones están a punto de descubrir su condición de personajes, que les rehuye sin importar que tanto se acerquen a esta conclusión. Están tan cerca de percatarse de ser dramatis personae que, molestos y resignados, exclaman:
Ros: (en un grito de angustia) ¡Todo lo que pido es un poco de consistencia! Guil: (abatido, con retórica amargura) Pongamos a este día nuestra careta diaria. (Acto I).
Sin darse cuenta, por una convención que no pueden evitar, Rosencrantz y Guildenstern están obligados a asumirse como máscaras, como personas (0.13) que deben pronunciar sus líneas y hacer su papel en el escenario de la soberanía sin estar incluidos del todo en el mismo.
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