La idea de vida no figura en la ley romana como un concepto jurídico pues en el mundo antiguo esta no era considerada sagrada o inviolable. En efecto, su presencia parecería limitada a una instancia negativa, la vitae necisque potestas (poder de vida o muerte), una vieja costumbre que se remonta a la República Romana y que, siempre y cuando hubiera iusta causa (es decir, causa en la esfera moral), daba derecho al padre de familia de matar a sus hijos para ejercer control sobre el comportamiento de la familia. En lo que a la ley se refiere, dice Agamben, «la vida aparece originariamente en el derecho tan sólo como la contrapartida de un poder que amenaza con la muerte».1 Este poder del pater familias, que estaba limitado a las familias patricias por medio del matrimonio legal, pone en evidencia el nicho original de la idea de soberanía al interior de la familia y, a la vez, hace de esta un lugar terrible que convierte a los niños y niñas y a la esposa en las primeras víctimas humanas de la excepción.2
En su magnífico libro Los jardines de Bomarzo, la escritora neerlandesa Hella Haasse habla de una costumbre romana según la cual las novias de alta cuna llegaban al altar en un caballo blanco como la nieve y rodeadas de parientes y amigos de la familia; el cortejo, sin embargo, no incluía a ninguna otra mujer. Esta tradición, según Sanuto el joven, historiador veneciano del siglo XII, también dictaba que el novio y la novia debían comer miel juntos, pero
mientras la mujer prueba la miel se mantiene sobre su cabeza una espada desenvainada, para que así comprenda que sus obligaciones consisten ante todo en ocuparse de los cuidados y las cargas del hogar y respetar las leyes del matrimonio.3
La mujer, dice Haasse, «no podía disfrutar de las cosas dulces de la tierra sin una espada cerniéndose sobre su cabeza».4 Como Egle, la Náyade de Virgilio (0.2), incluso si están en un lugar ameno las mujeres siempre estarán bajo amenaza. Desde luego, las peligros y privaciones que aplicaban a la esposa también valían para las hijas. Esposas, madres e hijas son puestas en bando, abandonadas. Bando es un antiguo término germánico que, según Agamben, «designa tanto la exclusión de la comunidad como el mandato y la enseña del soberano»,5 es decir, que excluye incluyendo e incluye excluyendo.
¿Qué significa “abandonada”?, pregunta Carolina Sanín,
Significa descalza. Con un vestidito blanco que se transparenta. Hija del hombre. La última a la derecha de un grupo de hombres alineados hombro con hombro y mirando al frente. De menor estatura que todos ellos. Significa muy pobre.6
La única salida de este régimen de excepción, reservada a los varones libres de nacimiento, era convertirse eventualmente en un pater familias, asegurando así la perpetuación del lugar terrible en el seno de la familia romana. Y aún así todo hombre libre estaba sujeto al poder de vida o muerte mientras su padre estuviera vivo.
- Giorgio Agamben, Medios sin fin, 14-15. ↩︎
- Es importante notar que la vitae necisque potestas estaba limitada a los hijos varones que hubieran cometido alta traición, soborno o desobediencia militar. Agamben hace énfasis en no confundir esta instancia legal con el «poder de matar que puede ejercer el marido o el padre sobre la mujer o la hija sorprendidas en adulterio flagrante». El hecho es que ambas instancias legales convierten a la familia en el locus de excepción original que luego se extenderá a los magistrados y todas aquellas figuras políticas con imperium. ↩︎
- Hella Haasse, Los jardines de Bomarzo, 75. ↩︎
- Ibíd. ↩︎
- Giorgio Agamben, Homo Sacer, 43. ↩︎
- Carolina Sanín, Somos luces abismales, 16. ↩︎
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