§ 0.18. Partus sequitur ventrem

El lugar terrible se cuida a sí mismo. En el siglo XVII en las plantaciones de Virginia surgió un dilema económico y moral: si un hombre blanco tenía hijos con una esclava negra, no era claro si las criaturas debían nacer en libertad o esclavitud, por lo cual los legisladores de las colonias recurrieron a un principio de la ley civil romana llamado partus sequitur ventrem (el parto sigue al vientre) según el cual «entre los animales domesticados y domésticos, la cría pertenece al dueño de la presa o la madre».1 Aparte del espeluznante hecho de que los esclavos fueran considerados y tratados como animales domésticos —es decir, como presas en un paradeisos (0.3)—, los dueños de la plantaciones encontraron en este principio romano una manera de engendrar más esclavos, una medida que contribuía a perpetuar la esclavitud y mantener andando a la economía colonial. Y no solo esto, según el académico Ibram X. Kendi, esta ley permitía que el hombre blanco reafirmara su “derecho” a entrar en contacto sexual con cualquier mujer sin incurrir en ningún tipo de problema moral o legal. 


  1. Ibram X. Kendi, Stamped from the Beginning, 41. ↩︎

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