Un trono vacío, oro solar y las representaciones del poder
El Juez, por cierto, era el Rey; y como llevaba la corona encima
de la peluca, no parecía sentirse muy cómodo, y desde luego
no tenía buen aspecto.
Lewis Carroll, Alicia en el país de las maravillas
§ 1.1. Linaje
El linaje del soberano es inseparable del cielo. Según Hesiodo, al principio existía el Caos, un profundo abismo, de donde surgió Gea, la tierra. Ella alumbró a Urano, el cielo, y a la primera generación de dioses:
Gea primeramente dio a luz al estrellado Urano, semejante a ella misma, para que la protegiera por todas partes, con el fin de ser así asiento seguro para los felices dioses […] Después, acostándose con Urano, engendró a Océano de profundas corrientes, a Ceo, a Crío, a Hiperión, a Jápeto, a Tea, a Rea, a Temis, a Mnemósine, a Febe, coronada de oro, y a la amable Tetis. Después de estos nació el más joven, el astuto Crono, el más temible de los hijos, y se llenó de odio hacía su vigoroso padre.1
El odio de Crono y sus hermanos hacia su padre estaba justificado. Cada vez que uno de ellos iba a nacer Urano «los ocultaba en el seno de Gea, y se complacía en su mala acción».2 Junto con su madre los Titanes urdieron una artimaña para deshacerse del padre celestial. Gea creó una enorme hoz de “blanco acero” y le encargó a sus hijos matar a Urano cuando este, despreocupado, estuviera a punto a poseerla. Crono fue el único que se atrevió a asumir la tarea, que llevó a cabo cortando los genitales de Urano y lanzándolos hacia atrás. El engullir u ocultar a los propios hijos como modo de evitar la sucesión, se repetirá con el mismo Crono y su hijo Zeus, que serán enfrentados por sus descendientes más audaces.
En el odio de estos hijos por sus padres encontramos la raíz de la rebelión y la aspiración al trono; el parricidio parece encarnar la primera lucha por la supremacía y la soberanía.
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