§ 1.12. Genealogía (1)

En el décimo capítulo del Génesis hay breve genealogía de la estirpe de Noé:

Estos son los descendientes de Sem, Cam y Jafet, los hijos de Noé, que después del diluvio tuvieron sus propios hijos. 

Los hijos de Jafet fueron Gomer, Magog, Madai, Javán, Tuval, Mesec y Tiras. Los hijos de Gomer fueron Askenaz, Rifat y Togarma. Los hijos de Javán fueron Elisa, Tarsis, Quitim y Rodanim. Estos fueron los descendientes de Jafet que poblaron las costas, cada nación y clan de su propia tierra y con su propio idioma.

Los hijos de Cam fueron Cus, Mizraim, Fut y Canaán […]  Cus fue el padre de Nimrod, el primer hombre poderosos de la tierra […] las principales ciudades de su reino fueron Babel, Erec, Acad y Calne, en la región de Sinar […]   

Sem, que fue el hermano mayor de Jafet, también tuvo hijos […] Los hijos de Sem fueron Elam, Asur, Arfaxad, Lud y Aram […] estos fueron los descendientes de Sem, cada nación y clan en su propia tierra y con su propio idioma.

Estos son los clanes de los hijos de Noé, según sus diferentes líneas de descendientes y sus territorios. Después del diluvio, se esparcieron por todas partes y formaron las naciones del mundo.1

La genealogía es la principal herramienta de legitimación de una raza o familia, la fuente de su reclamación a un estatus o una condición dada. A través de ella, un pueblo o una estirpe hacen pública su historia familiar, trazan una línea que los conecta con el pasado remoto; un pasado si no divino por lo menos más digno que su condición actual. Por medio de la genealogía el soberano se convierte en una zona de indistinción entre lo público y lo privado.

Otro punto importante: la genealogía, el registro de un linaje aislado de todos los demás, otorga al soberano el privilegio de convertirse en un individuo, de separarse del resto. Por otro lado, sus súbditos no pueden ser considerados individuos porque sus circunstancias no les permiten ejercer su individualidad, más sin embargo, no son iguales entre sí. Hasta la caída del Antiguo Régimen, el poder del soberano aceptaba la diversidad humana, pues a los ojos de Dios cada alma es única y diferente de los demás.

Esta fórmula de “almas iguales en cuerpos desiguales,” para usar la expresión de Ibram X. Kendi, está en la raíz del racismo, el clasismo y el colonialismo.


  1. Gén, 10:1-31.  ↩︎

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