§ 3.3.2. Polanski-Gailey-Rittenband,o del Gueto de Cracovia a las colinas de Hollywood

El primero de febrero de 1978, luego de una reunión con el abogado que había venido llevando su caso de abuso sexual, Roman Polanski condujo hasta la oficina de Los Angeles del productor Dino de Laurentiis, donde recibió un sobre sellado de un asistente de producción y tomó el siguiente vuelo de Los Angeles rumbo a Londres. Al día siguiente viajó a París y tomó residencia permanente en la ciudad aprovechando su nacionalidad francesa. Hasta el día de hoy, tiene una orden de arresto pendiente que lo convierte en un fugitivo de la ley estadounidense. Está restringido a vivir en países que no tienen tratado de extradición con este país.

Pocas vidas han sido tan tumultuosas y exitosas como la de Polanski. Nacido en París de madre rusa y padre polaco, fue trasladado a Cracovia cuando tenía tres años. De niño vio cómo la mayor parte de la población judía de la ciudad fue confinada al gueto, luego de los bombardeos alemanes sobrevivió robando comida con su familia y, en 1941, con solo ocho años fue separado de sus padres y su media-hermana. Su madre fue enviada a Auschwitz donde murió gaseada a los pocos días; tenía cuatro meses de embarazo. Unos meses después, su padre Ryszard fue llevado al Complejo de Campos de Concentración de Mauthausen-Gusen. En 1943, a los nueve años, Polanski logró escapar del gueto y sobrevivió en un principio con la ayuda de los Wilk, una familia católica que había aceptado recibirlo. Sin embargo los Wilk habían subcontratado con otra familia católica campesina que se negó a acogerlo pero que si se quedó con todas sus pertenencias. Abandonado a su suerte sobrevivió los siguientes dos años quedándose con varias familias en las aldeas cercanas a Cracovia. Se reunió con su padre después de que el Ejército Rojo expulsó a los nazis de Polonia y liberó los campos de concentración.

Su determinación y carisma, tan importantes para su supervivencia durante la guerra, resultaron valiosos para su vida adulta. Ingresó a la Escuela Nacional de Cine de Lodz donde primero estudió actuación para luego cambiar al programa de dirección. Durante la segunda mitad de los años cincuenta dirigió una decena de cortometrajes y en 1962 estrenó su primer largometraje titulado El cuchillo en el agua que obtuvo el reconocimiento de la crítica y la abrió las puertas a dirigir filmes internacionales como Repulsión protagonizada por Catherine Deneuve, El baile de los vampiros, donde conoció a su futura esposa Sharon Tate, y el Bebé de Rosemary, basada en el libro homónimo de Ira Levin, que trata sobre Rosemary Woodhouse, una mujer de clase media que queda embarazada con el hijo del diablo.

La noche del 8 de agosto de 1969, un hombre y tres mujeres de la llamada Familia Manson entraron a 10050 Cielo Drive, la casa de Beverly Hills que Roman Polanski compartía con Sharon Tate y asesinaron a la actriz junto con tres amigos y dos empleados del lugar; Tate tenía ocho meses y medio de embarazo. Polanski estaba en ese momento en Europa preparando una película. Una vez más perdió a la persona más importante de su vida y una vez más estaba embarazada. ¿Qué tipo de chanza cósmica hace a la misma persona una víctima indirecta de dos de los lugares terribles mas infames del siglo XX? Los asesinatos se convirtieron rápidamente en un frenesí mediático y, dada la naturaleza polémica de sus películas, junto con el hecho de que los asesinos no fueron identificados hasta noviembre, la prensa sensacionalista llegó a sugerir que Polanski pertenecía a una secta satánica, que había volado desde Europa y había matado a su esposa y sus invitados, incluyendo a su hijo nonato, para luego volar de regreso. Incluso después de que la policía supiera que los crímenes habían sido cometidos por la Familia Manson, corrió el rumor de que los asesinos habían querido matar al hijo del diablo encarnado no en el bebé de Rosemary sino en el de Polanski y Tate.

En febrero de 1977 la revista Vogue Hommes le encargó a Polanski una serie de fotografías de chicas jóvenes de los Estados Unidos. El año anterior Polanski había tomado una serie de fotos de Nastassia Kinski, la joven hija de Klaus Kinski, para la edición francesa de Vogue; para muchos, estas fotos fueron el impulso decisivo de la carrera de la actriz. Pronto Polanski y Kinski iniciaron una relación romántica; ella tenía quince años, él cuarenta y dos. Una de la chicas seleccionadas por Polanski para la sesiones de Vogue Hommes fue Samantha Jane Gailey, de trece años. Susie Gailey, la madre de Samantha, era una actriz y modelo que conocía a Polanski a través del novio de su hija mayor y quería que Samantha entrara al mundo del espectáculo. Organizaron una primera sesión de prueba en la que la chica apareció topless y más adelante Polanski le pidió permiso a Susie Gailey para una segunda sesión de fotos con la joven que tuvo lugar el 10 de marzo de 1977 en la casa de Jack Nicholson en el área de Mulholland en Los Angeles. Nicholson, que había trabado amistad con Polanski luego de protagonizar Chinatown, estaba esquiando en Colorado.

Aunque las versiones de Gailey y Polanski sobre lo ocurrido ese día difieren, si coinciden en algunos puntos. Ambos están de acuerdo en que hicieron una serie de fotografías contra la ventana de la sala de estar y luego se trasladaron al jacuzzi. La chica dijo que tenía sed y Polanski fue a la cocina y regresó con una botella de champaña y un quaalude —una droga sedante e hipnótica conocida por sus usos recreativos—, que dividió en tres partes. Tomó un par de fotos en topless de Gailey con el agua hasta la cintura y luego se fueron al dormitorio. En este punto las versiones divergen. Polanski asegura que la chica se mostró receptiva y él sintió una clara tensión sexual entre los dos mientras Gailey asegura haberse sentido mareada «y como si todo estuviera borroso», lo cual concuerda con los efectos de la metacualona. Polanski la besó y procedió a tener sexo oral, vaginal y anal con la chica, aunque ella asegura que le dijo que se detuviera en varias ocasiones. «Gracias a Dios que había tenido relaciones sexuales antes porque probablemente hubiera sido más perjudicial si hubiera sido virgen. Solo quería que todo terminara lo más rápido posible». En un punto, al encontrar la puerta del dormitorio principal cerrada, Angelica Huston, la novia de Nicholson en ese entonces, tocó varias veces la puerta mientras Polanski violaba a Gailey. Este le aseguró que pronto terminarían la sesión y que saldrían en un momento. Aparentemente Huston dejó de insistir y salió de la casa. Polanski se había asegurado de cerrar su paradeisos.

Un número de preguntas surgen en este punto: primero, ¿por qué una revista reputada como Vogue permitía que se tomaran fotos a menores de edad sin la presencia de un equipo de producción o de los padres o guardianes de las modelos? Segundo, ¿por qué la madre de Gailey accedió a que Polanski, que por entonces había adquirido una reputación de mujeriego, le tomara fotos desnuda a su hija de trece años sin que ella estuviera presente? Tercero, ¿qué influencia tuvo en la situación el hecho de que Polanski fuera conocido por impulsar las carreras de estrellas como Mia Farrow, Sharon Tate y Nastassja Kinski? Como en el caso de Bertolucci, Polanski fue capaz de convertir un sitio de producción cultural en un locus terribilis, por un lado por la “libertad artística” que le permitió exceptuarse de los protocolos normales de producción, y por el otro por su estatus como uno de los más importantes directores de cine del momento. El hecho es que tomó ventaja de su posición de poder, de su excepción soberana, para salirse con la suya con una menor de edad. 

Determinar la gravedad del abuso de Polanski es una cuestión de sentido común: por madura que parezca, una niña de trece años a duras penas tiene el juicio para discernir las consecuencias de una situación y, si tenemos en cuenta la promesa implícita de fama que venía con sus sesiones fotográficas, no es difícil ver que probablemente se haya sentido psicológicamente obligada a cumplir los deseos del director (this is hardcore, there is no way back for you). En este sentido Gailey fue víctima no sólo de Polanski sino de todo un sistema de excepción que favorecía la materialización de este lugar terrible. En último término, una relación de poder que no está explícitamente inscrita en las normas de una sociedad —es decir, que no ha sido enunciada abiertamente—, es el origen mismo de la excepción soberana (0.10).

Como se trataba de una figura de renombre en la industria cinematográfica, su caso llamó la atención de los medios de comunicación que, como con el asesinato de Tate, lo convirtieron en un fenómeno mediático. Además de esto, Laurence J. Rittenband, el juez que tomó el caso, era un juez de Hollywood de alto perfil, conocido por haber presidido el divorcio de Elvis Presley y la batalla por la custodia del hijo de Marlon Brando. Su manejo del caso de Polanski fue poco neutro y derivó en una situación insostenible tanto para el acusado y la víctima como también para el fiscal y el defensor, que señalaron el mal manejo por parte del juez y argumentaron que cualquiera que fuera la sentencia sería ilegal. 

Su posición en Hollywood le otorgó a Polanski varios privilegios durante el juicio. Por ejemplo, le concedieron varias prórrogas durante el proceso con el pretexto de tener que trabajar en su nueva película; los términos de su fianza incluso le permitían salir del país. El juez Rittenband era indulgente porque sabía que, independientemente del tiempo de cárcel al que condenara a Polanski, este probablemente apelaría y llevaría su caso con éxito a un tribunal superior. La situación cambió radicalmente para Polanski luego de que fuera fotografiado en el Oktoberfest de Munich de ese año rodeado de mujeres, sosteniendo un puro y bebiendo cerveza. Al enterarse de la foto el juez Rittenband se sintió deliberadamente burlado y decidió imponerle sanciones más duras para no parecer indulgente ante la prensa. Se le ordenó regresar a los Estados Unidos para que cumpliera una sentencia de noventa días en la prisión estatal de Chino con el fin de someterlo a un examen psiquiátrico. Esta cantidad de tiempo es excesivamente largo para este tipo de procedimiento y se le hizo creer que correspondería a la totalidad de su sentencia. Fue liberado después de cuarenta y dos días, cuando el examen concluyó que estaba en sano juicio y no podía ser juzgado por cuenta de una condición psicológica subyacente. 

De ahí en adelante el juicio se convirtió en un teatro controlado por Rittenband, que daba ordenes explícitas al fiscal y la defensa como si se tratara de un director de orquesta. Polanski pasó de cumplir sus deseos en un lugar terrible de su invención a convertirse en la víctima de una corte kafkiana diseñada para cumplir los deseos de un juez asediado por la opinión pública. Una vez finalizado el período de cuarenta y dos días en Chino, la prensa y otros elementos del sistema legal sugirieron que solo seis semanas de tiempo cumplidas por abuso sexual a un menor parecían una broma. Para entonces, Rittenband estaba llegando al límite de sus fuerzas y quería encontrar una manera de concluir el caso rápidamente y al mismo tiempo salvar la cara ante la prensa. Se le ocurrió la opción de que Polanski renunciara a sus derechos a permanecer en el país, pero como juez de condado no tenía jurisdicción alguna en asuntos de inmigración, hacer cumplir esa sentencia habría constituido una conducta ilegal. 

Hartos con la situación, el fiscal y la defensa acordaron no continuar participando en un juicio que parecía cada vez más a una farsa teatral; ambas partes acordaron revelar la manera en que se venía manejando el proceso. Rittenband presentó una opción a su plan de deportación, (que de por sí era ilegal): cumplir una condena en una cárcel estatal que podía alcanzar los cincuenta años. Viendo sus opciones reducidas ante un juez poco fiable e impredecible, Polanski decidió huir de los Estados Unidos. Su vida ha permanecido como un locus terribilis legal, ya que debe tener mucho cuidado con sus movimientos cuando sale de Francia. En 2005, Interpol emitió una circular roja que alerta a las autoridades de todo el mundo cuando alguien ingresa a ciertas jurisdicciones y permite el arresto o arresto provisional con la intención de deportación. Como Bertolucci, Polanski se convirtió de soberano en una suerte de homo sacer. Rittenband fue retirado del caso en febrero de 1978 debido a una queja presentada por la defensa y respaldada por el fiscal.

Como Maria Schneider, Samantha Gailey recurrió al alcohol y las drogas para sobrellevar lo sucedido. Quedó embarazada a los dieciocho años y tiempo después, a finales de los ochenta, logró rehacer su vida, se casó y se mudó a Hawai. Asegura que el momento en el que el juez Rittenband retiró su oferta original de la mesa y amenazó a Polanski con una sentencia en una prisión estatal «los condenó a ambos a vivir este episodio por el resto de sus vidas».1 Su lugar terrible —un escenario jurídico que transforma la zoé de su víctimas en bios, alienándolas de sus propias vidas (0.12)—, no desaparecerá hasta que el caso no sea cerrado formalmente. Asegura que las décadas de persecución al director por parte del sistema judicial de los Estados Unidos la han perjudicado más que la misma violación. Desde 1995 ha hecho varios llamados para que se retiren los cargos contra Polanski de modo que pueda seguir adelante con su vida.


  1. Emma Brockes, “Samantha Geimer on Roman Polanski: ‘We email a little bit’,” The Guardian, Septiembre 18, 2013, https://www.theguardian.com/film/2013/sep/18/samantha-geimer-roman-polanski-unlawful-sex-email  ↩︎

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