§ 4.6. Amoenus/terribilis

Hijo de un hombre de negocios y una ama de casa ingleses, James Graham Ballard nació en el Asentamiento Internacional de Shanghai en noviembre de 1930. Luego del ataque japonés a Pearl Harbor en diciembre de 1941, Ballard fue trasladado junto con sus padres y su hermana menor al campo de internamiento civil de Lunghua, donde pasaron el resto de la Segunda Guerra Mundial. Recogió sus experiencias en este locus terribilis en una conmovedora novela titulada El imperio del sol, que Steven Spielberg adaptó unos años más tarde al cine con un joven Christian Bale como protagonista. Si bien menos macabra, su historia comparte algunas similitudes con la de Roman Polanski; ambos pasaron buena parte de su niñez confinados en lugares terribles (3.3.2).

Su tiempo en el campo de Lunghua tuvo un profunda influencia en su trabajo como escritor. Unos años antes de su muerte, Ballard terminó una entrevista con esta observación:

Supongo que una de las cosas que me quedaron de mis experiencias de guerra fue que la realidad era un escenario. La realidad que uno da por hecho—la cómoda vida cotidiana, la escuela, el hogar donde se vive, la calle familiar y todo lo demás, los viajes a la piscina y al cine—tan solo son un escenario. Pueden ser desmantelados de la noche a la mañana, que fue lo que literalmente sucedió cuando los japoneses ocuparon Shanghai y pusieron nuestras vidas patas arriba. Creo que la experiencia me convirtió en un escéptico, algo que que me ha acompañado incluso en un lugar tan estable como los suburbios ingleses donde vivo ahora. Nada es tan seguro como creemos que es. Uno no tiene que pensar en el huracán Katrina, y en Nueva Orleans, esto se aplica a todo. Gran parte de mi obra de ficción trata de analizar lo que sucede a nuestro alrededor, y si somos personas muy diferentes de los seres humanos civilizados que imaginamos ser.1

Ballard entendía que la realidad podía cambiar de amoenus a terribilis en un abrir y cerrar de ojos. La mayoría de sus ficciones tienen lugar en un amenazador umbral ocupado por «eros, tánatos, medios masivos de comunicación y tecnologías emergentes». (Oxford Dictionary of National Biography). Poco sorprendentemente, la influencia de Kafka es palpable en todo su trabajo. En un breve artículo para el Sunday Times Ballard escribió:

Kafka podría ser el escritor más importante del siglo XX […] Él describe el destino del hombre aislado que está rodeado por una vasta e impenetrable burocracia, y empieza a aceptarse a sí mismo en los términos impuestos por esta. Los seres humanos de hoy están en una posición muy similar. Estamos rodeados de grandes instituciones que nunca podemos penetrar: la ciudad, el sistema bancario, los conglomerados políticos y publicitarios, los vastos imperios del entretenimiento. Se han hecho user-friendly, pero definen los gustos a los que nos ajustamos. Son tiranías bastante sutiles y serviles, pero no por ello menos siniestras.2

Por más serviles que sean, estas tiranías han creado un nuevo tipo de mundo en el que la realidad y la ficción se funden de maneras inesperadas y aterradoras, un mundo dandificado, por decirlo de algún modo (2.2, 2.5, 2.7). De la entrevista de 1991 de Lynne Fox con Ballard para la revista RE/Search:

[…] luego de la Segunda Guerra Mundial, principalmente debido al surgimiento y el rápido desarrollo del paisaje mediático —impulsado por la televisión, la publicidad y el paisaje general de los bienes de consumo— la separación entre la realidad externa y la fantasía interna comenzó a agrietarse. De hecho, nuestro mundo externo y nuestro entorno habitual están ahora mucho más saturados de materia ficcional que el mundo que tenemos dentro de nuestra cabeza.3

Para Ballard el mundo moderno era tan extraño y lleno de fantasía, tan preñado de posibilidades, que el enfoque surrealista a la imaginación carecía por completo de sentido.


  1. Entrevista con Travis Elborough “An Investigative Spirit,” incluida en The Atrocity Exhibition, 188. (1) Traducción del autor. ↩︎
  2. Becca Rothfeld, “J.G. Ballard’s Eerily Accurate Dystopias,” The New Republic, Marzo 14, 2018. Disponible en: https://newrepublic.com/article/147456/jg-ballards-eerily-accurate-dystopias ↩︎
  3. J.G. Ballard, Para una autopsia de la vida cotidiana: conversaciones, 142. Cabe destacar que la noción de los medios de comunicación como un “paisaje” a medio camino entre los directo y lo artificial data de 1922 cuando el escritor norteamericano Walter Lippmann lo describió como un pseudo-entorno «mitad  verdadero,  mitad  artificial, construido  a  partir  de  lo  que  otros  nos  cuentan:  historias,  cuadros, relatos  periodísticos  y  similares». (de la introducción de Ronald Steel a Opinión Pública de Lippmann). ↩︎

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