§ 2.2 Los beneficios de la guerra

Además de casi arruinar la economía francesa, Napoleón el primer tirano verdaderamente moderno (1.16), le dio una enorme ventaja a la Gran Bretaña de Jorge III y la regencia del príncipe de Gales. En palabras de Alasdair Gray:

LOS BENEFICIOS DE LA GUERRA: “Napoleón le dio a Gran Bretaña la ocasión de convertirse en una nación industrial. Para combatirlo por toda Europa, el gobierno decretó impuestos más onerosos, que oprimieron sobre todo a los pobres, y empleó ese dinero para pagar un aprovisionamiento continuo de uniformes, botas, armas y barcos. Se construyeron fábricas de todas clases. Muchos hombres de buena constitución se hallaban en el extranjero con el ejército, pero las nuevas máquinas hicieron posible que las fábricas funcionaran con la mano de obra barata de las mujeres y los niños. Esto hizo crecer tanto las ganancias que pudimos invertir en trenes, acorazados y todo un nuevo imperio. Le debemos mucho a Boney”.1

Impulsada por las guerras napoleónicas, la industria británica creció a un ritmo acelerado, haciendo posible la aparición de avances técnicos en múltiples campos. Entre estos, el que atañe a nuestro tema es la invención de la imprenta a vapor, que prácticamente quintuplicó la capacidad de producción de material impreso. Este desarrollo provocó el auge de las populares fashionable novels, que mostraban la elegancia y el brillo de las vidas de la clase alta y la aristocracia. Es importante resaltar que una parte importante de la función de la genealogía legitimar trasladando de la esfera privada a la pública (1.12), fue heredada por este género de novelas: ayudó a legitimar el poder de la clase dominante a través de la apariencia. Sus personajes describen una nueva intersección de la soberanía, en sus historias la clase dirigente empieza a ser popularizada como una ficción. Las fashionable novels empezaron a representar un mundo que se encuentra a medio camino entre la ficción y la realidad

Ahora, si la imprenta a vapor fue el factor técnico determinante para la aparición de este nuevo género literario, fue un cambio social mucho más grande el que determinó sus temas: la regencia vio «una descomposición del orden jerárquico anterior que condujo a la necesidad de instaurar un nuevo tipo de aristocracia basada en el gusto y las apariencias».2 A medida que las olas secularizantes de la Revolución se abatían contra Occidente, el único refugio de la soberanía y la aristocracia estaba en sus maneras. El oro de los ídolos ya era solo un barniz. (1.17).

El príncipe de Gales estaba a la cabeza de esta tendencia. Conocido por su elegancia como el Primer Caballero de Inglaterra, el regente aparentemente «se sentía mas orgulloso y feliz de la distinción de sus maneras que de su elevado rango».3 En consecuencia, solía premiar generosamente a sus oficiales más distinguidos y elegantes.


  1. Alasdair Gray, Pobres criaturas, 180. ↩︎
  2. Carlos Primo y Leticia García, “Una apología del dandismo”, en Prodigiosos Mirmidones, 24.  ↩︎
  3. Jules Barbey d’Aurevilly, “Del dandismo y de George Brummell”, en Prodigiosos Mirmidones, 126. ↩︎

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