§ 0.26. Venator/Venatus

Si la domesticación es la actividad humana donde surge la división entre yo y otro, es en la cacería donde la grieta se abre definitivamente. Mientras la domesticación trae lo salvaje a la casa, la cacería extiende los límites de la casa (domus), su periferia, al mundo. Así pues, cazar es salir de la casa para ejercer una forma de dominio exclusivamente humana. En efecto, el hecho de que cazar fuera originalmente un acto de comunión y reciprocidad con la presa (0.23) pone en evidencia el umbral donde se origina la dinámica del dominio y la soberanía.

Un mito relevante al respecto:

Cuenta Ovidio en sus Metamorfosis que un joven cazador llamado Acteón habiendo dejado de lado la fatiga de la caza vagaba sin rumbo por un bosque. Acompañado de sus perros encontró una recóndita gruta rodeada de cipreses donde resonaba agua y, llevado por la curiosidad, entró en ella. Para su mala fortuna se trataba del rincón sagrado de Diana, donde la diosa se bañaba acompañada de su cortejo de ninfas. Humillada por haber sido vista sin ropajes, la diosa maldice a Acteón diciendo: «y ahora ve a contar por ahí que me has visto sin velos, si es que puedes». Acto seguido, de la cabeza de Acteón brotan unos cuernos de ciervo adulto, su cuello se alarga y se afilan las puntas de sus orejas, sus manos se convierten en pezuñas y sus brazos y piernas en esbeltas patas, su cuerpo todo se cubre de una fina piel moteada. Acteón/venado echa a correr en su nueva forma pero sus perros pronto lo alcanzan y lo devoran como lo harían con cualquier otra presa.

La figura de Acteón nos revela las dos aspectos de la soberanía tal como han sido descritos por Giorgio Agamben. A saber, que «soberano es aquél con respecto al cual todos los hombres son potencialmente homines sacri [hombres sagrados], y homo sacer es aquél con respecto al cual todos los hombres actúan como soberanos»1. El soberano y el homo sacer, son dos caras de una misma figura simétrica (0.12), que encuentra su imagen originaria en Acteón, que es tanto cazador como cazado. Curiosamente, entendidos como aspectos de la misma figura, ni el cazador ni la presa son conscientes el uno del otro. El uno es la imagen del inconsciente del otro. Ambos están atrapados en la relación y no son conscientes de su contraparte.

La estrecha relación entre el cazador y su presa, ausente y presente a la vez en la figura de Acteón, revela una interesante etimología latina: el origen único de venator, cazador, y venatus, cazado, de donde viene nuestra palabra venado. En efecto, estas dos palabras vienen de la raíz protoindoeuropea wen- que expresa deseo, esfuerzo y búsqueda y que también da origen al nombre de Venus, la diosa del amor y la belleza. La búsqueda, el fervoroso deseo por la presa, es el origen de la cacería, y es a través de esta acción que Acteón pasa de ser el sujeto, venator, a ser el objeto, venatus, de la misma.

Así pues, es en la cacería donde encontramos el umbral de donde se origina la soberanía humana como una dialéctica inconsciente que se traduce en acción.  


  1. Giorgio Agamben, Homo sacer, 110. ↩︎

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