§ 0.25. Cerramiento

De la anterior entrada podemos deducir que los primeros asentamientos sedentarios —los primeros domus en el sentido etimológico del término—, son la concreción de una dinámica de dominación que se efectuó mediante la domesticación de una variedad de especies animales y vegetales que fueron adaptadas al nuevo hábitat humano. Las fronteras de estos asentamientos, en principio permeables, debieron tornarse cada vez más rígidas como una medida de protección contra lo unheimlich, es decir, contra la alteridad (0.21, 0.22, 0.23, 0.24), ya estuviera encarnada en animales salvajes o grupos humanos desconocidos. La técnica (techne), aplicada a la construcción de estas estructuras, se convertiría eventualmente en un elemento esencial de la soberanía y la identidad de grupo. Así, según Stephen L. Talbott, la tecnología asiste al nacimiento del ego humano al separarlo del mundo natural, pero «esta separación, esta pérdida del paraíso, reconstituye al mundo como un lugar ajeno y amenazante que invade constantemente las moradas fortificadas por la techne humana»1. Es en el levantamiento de estos primeros paradeisos, en el sentido etimológico de lugares rodeados de una empalizada (0.3), donde encontramos el topos primigenio de la dominación humana y su actividad por excelencia, la cacería.


  1. Talbott, En el viente de la bestia, 19. ↩︎

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