Nada como circunstancias extremas para sacar a la luz lo que realmente somos:
Durante el paro nacional de Colombia del 2021, la minga1 del Cauca se dirigió a Cali, la capital del departamento, para hacer presencia y apoyar a los manifestantes pacíficos que habían salido a las protestas en la ciudad a pesar de la oleada de vandalismo financiada por actores asociados a las guerrillas urbanas y el narcotráfico de la región. Estas fueron algunas de las reacciones de la clase dirigente de mi país:
Omar Yepes Alzate, Director del Partido Conservador:
Mucha atención a las organizaciones indígenas que salen de su hábitat natural a perturbar la vida ciudadana. Cali y Popayán son muestra de ello. Las autoridades están en el deber de actuar y evitar que la situación pase mayores por la reacción que se puede venir por inacción.
@omaryepesalzat, 12:27 pm, 9 de mayo, 2021.
Ivan Duque, Presidente de la República:
A los integrantes del @CRIC_Cauca2 les hago un llamado: retornen a sus resguardos y eviten confrontaciones violentas con la ciudadanía.
@IvanDuque, 5:32 pm, 9 de mayo, 2021.
Marta Lucía Ramirez, Vicepresidenta de la república:
“Me dicen que cuesta aproximadamente $1.000 millones diarios sostener minga que llegó a Cali. ¿Quiénes están detrás de su financiación? ¿Qué actividad tan rentable permite esa liberalidad en el gasto? Las autoridades deben imponer el orden y proteger a la mayoría ciudadana pacífica”
@mluciaramirez, 12:18 am, 10 de mayo, 2021.
De estos tres tuits, —y muchos otros que fueron compartidos con el hashtag #mingacriminal, por funcionarios del estado y ciudadanos—, se sacan varias cosas en claro: primero, una de las muchas encarnaciones del “otro” en Colombia (además de las minorías de género) son las minorías étnicas como los indígenas y los negros, que luego de ser esclavizados durante siglos fueron segregados y hechos al margen de la vida política y social del país hasta 1991, cuando la nueva constitución de Colombia les dio reconocimiento político, aunque muchas de las garantías de la carta continúan sin cumplirse mas de treinta años después.
En segundo lugar, estos tres twits comparten la idea de que los indígenas vienen “a perturbar la vida ciudadana” a confrontarse con ella y que por tanto la ciudadanía debe ser protegida de esta temible alteridad, como si los indígenas no hicieran, al menos nominalmente, parte de ella. ¿Qué mejor muestra de la ambigüedad implícita en el título de la “declaración de los derechos del hombre y el ciudadano” en la que no está claro si hombre y ciudadano son dos realidades distintas o el concepto de hombre está contenido en el de ciudadano? (0.19) Que “hombre” solo está contenido en “ciudadano” en ciertos casos es patente en la vieja expresión con la que el expresidente colombiano Laureano Gómez solía referirse a los indígenas: “animales con figura humana”. La humanidad entendida como ciudadanía es sólo un recipiente, una “figura” en la que encajan ciertas personas privilegiadas.
Aún más espantosa es la mención de un “hábitat natural” para los indígenas, como si se tratara de animales que no deberían ser abarcados por el término “ciudadano”, sino “encerrados en un territorio donde puedan comportarse como dicte su naturaleza, mientras la ciudadanía les mira como se mira a un animal salvaje”. Esta, en términos prácticos, es la definición de un resguardo indígena o, por qué no de un gueto, como implica la procedencia de la frase (7.17).
- Colectivo de organizaciones indígenas del sur de Colombia formado a finales del siglo XX. El término minga viene del quechua minka que hace referencia a un tradición precolombina de trabajo comunitario y voluntario que tiene como fin generar utilidad social y bien común. ↩︎
- Consejo Regional Indígena del Cauca. ↩︎
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