§ 8.5. Maquiladoras

Otra manera de entender la aparición y el desarrollo de la industria maquiladora en la frontera entre México y Estados Unidos es desde el punto de vista de la inmigración ilegal, algo lógico ya que su historia está íntimamente ligada con este problema (8.1). Visto de esto modo, las maquiladoras son en parte el resultado de las dinámicas migratorias entre ambos países. Para el intelectual francés Guy Sorman, «no es la frontera lo que regula la inmigración, sino el mercado laboral», es decir, es la demanda laboral y los contactos ya establecidos al otro lado del frontera los que determinan que cantidad de inmigrantes cruzan ilegalmente. Si este el caso, no tenía sentido construir una barrera impenetrable entre ambos países pues los Estados Unidos, hasta cierto punto, se han beneficiado enormemente del empleo ilegal proveniente de esta dinámica. Visto así, habría otra solución:

la creación, por las empresas del Norte, de empleos en el Sur, a fin de retener a los mexicanos en su tierra. Desde hace veinte años existe una experiencia en este sentido, aunque en situación embrionaria: son las maquiladoras, empresas de subcontratación, instaladas en zonas francas a lo largo de la frontera, que trabajan por cuenta de empresarios de los Estados Unidos, de Europa o Japón. Los industriales del Norte «explotan» así los bajos salarios y la habilidad de la mano de obra mexicana, ¡pero en su tierra!1

El libro de Sorman, publicado en 1993, valora positivamente a las maquiladoras pero pone en duda su utilidad a la hora de frenar la entrada inmigrantes ilegales a los Estados Unidos. Un año después, la firma del TLCAN (Tratado de Libre Comercio de América del Norte) ampliaría radicalmente el enfoque de las maquiladoras:

Mas ambicioso es el proyecto de mercado común norteamericano, que debería ponerse en marcha en 1993 incorporando al Canadá, a los Estados Unidos y a México: una maquiladora, ¡pero a escala de todo México! En teoría, la libre circulación de productos —y luego de la de hombres, que ha sido en principio excluida del tratado— debería incitar a los inversores a instalar fábricas en México durante el tiempo en que los salarios, a igual productividad, sean más bajos que en los Estados Unidos. La relación es actualmente de 1 a 10.2

¿Es este el destino que las naciones del llamado primer mundo le han impuesto a los países en vías de desarrollo, crear vacíos de excepción que cubran naciones enteras y las conviertan en maquiladoras gigantescas? Por fortuna, esta posibilidad aún no se ha hecho realidad; o por lo menos no bajo este esquema. Sin embargo, estos focos de excepción han ido en aumento desde mediados de los años ochenta: «en 1985 había 789 maquiladoras, en 1995 eran 2.747 y hacia 1997 ascendían a 3.508, que empleaban unos 900 mil obreros»3. Desde entonces las maquiladoras se han mantenido siempre por encima de 3.000 y para el 2005 su producción representaba la mitad de las exportaciones de México.


  1. Guy Sorman, Esperando a los bárbaros, 124.  ↩︎
  2. Ibíd, 124-25. ↩︎
  3. Klein, No logo, 205. ↩︎

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