§ 8.19. MTR

La remoción de cimas —o MTR (Mountain Top Removal) por sus siglas en inglés—, es una técnica de minería relativamente reciente que ha traído una enorme devastación a Virginia Occidental, una de las regiones más pobres de los Estados Unidos. Esta forma de minería produce cerca de 60 toneladas de carbón en unos pocos minutos. El precio: «más de 200.000 hectáreas —es decir, 2.000 km2— de los Apalaches han sido destruidas. Más de 500 picos montañosos han desaparecido. Con ellos, también se han ido unos 1.600 km de arroyos; o lo que es lo mismo: la mayor parte de los afluentes del este de los Estados Unidos»1.

El impacto ecológico de estas prácticas es un crimen de primer orden. Cuando las explosiones para remover las cimas tiene lugar, cientos de rocas pulverizadas van a dar a los valles o son arrastradas por la lluvia llevando consigo concentraciones anómalas de metales pesados al aire y el agua de la región. El aire está contaminado con cromo hexavalente, un conocido carcinógeno. Los estanques que produce este tipo de minería, conocidos informalmente como “lodos”, son ricos en elementos tóxicos como arsénico, plomo, selenio, cadmio y mercurio que son acumulados en grandes cantidades al aire libre en lugares altos, que por lo general amenazan algunas de las poblaciones de la zona y han tenido un impacto atroz en la salud de estas comunidades. El mayor de los derrames de estos “lodos” tuvo lugar en el 2008 cuando 4.100 millones de litros de residuos de carbón se regaron por el valle de Tennessee; fue 100 veces mayor que el derrame de Exxon Valdez en Alaska en 1989. En estos lugares el significado de sagrado implícito en la voz sacer retoma su carácter originario. Si, según Agamben, «soberano es aquél con respecto al cual todos los hombres son potencialmente homines sacri [hombres sagrados], y homo sacer es aquél con respecto al cual todos los hombres actúan como soberanos», en la fase tardía del capitalismo el mundo natural se convierte en una suerte de natura sacer sobre la cual todas las corporaciones pueden actuar como les plazca.

Como cabría esperarse, las condiciones sociales de los pueblos mineros y las ciudades cercanas son desastrosas y encarnan a la perfección el abuso corporativo apalancado en el abandono estatal. En pueblos como Jenkinjones el único edificio con actividad es la oficina de correos. Las piedras en los riñones, el cáncer y la pneumoconiosis, una forma de fibrosis intersticial de los pulmones, son epidémicas. Los problemas respiratorios son tan comunes que la mayoría de escuelas mantienen una dotación de inhaladores para su alumnos. Algunas personas se ven forzadas a gastar hasta 250 dólares al mes en agua embotellada y en ciudades como Welch el 40% de las familias con niños viven por debajo del umbral de la pobreza, que aumenta a un apabullante 75% en familias con niños menores de 5 años. En estas condiciones la drogadicción está fuera de control y, de hecho, la sobredosis es la primera causa de muerte accidental en Virginia Occidental, la más alta en los Estados Unidos. 

No hay obstáculo alguno para que estas zonas de sacrificio sigan apareciendo donde haya oportunidades de lucro para las corporaciones. Virginia Occidental es sólo un ejemplo y sólo en los Estados Unidos hay al menos una docena de sitios que podrían clasificarse como zonas de sacrificio. Chris Hedges argumenta que «estas comunidades devastadas representan el futuro de todos»2. Y no se equivoca, un colapso parece cercano e inevitable:

A medida que una sociedad se vuelve más compleja, resulta inevitable que también se vuelva más precaria y vulnerable. Cuando empieza a descomponerse, la población, confusa y aterrorizada, se evade de la realidad y se vuelve incapaz de percibir tanto su fragilidad como su inminente colapso. Mientras tanto, las elites se parapetan en recintos aislados, ya sea en Versalles, en la Ciudad Prohibida, o en algún palaciego ejemplo de arquitectura moderna. Allí se entregan al hedonismo desenfrenado, a la acumulación de riqueza y al consumismo extravagante. A continuación, las sufridas masas empiezan a padecer una represión cada vez más feroz. Los recursos escasean de forma inapelable hasta que se agotan. Y, entonces, todo el castillo de naipes se derrumba. Los imperios sumerio y romano cayeron así […] cuando las élites mayas encaraban su final, se volvieron “… extremistas, o ultraconservadoras, y exprimieron hasta la última gota de cuantos recursos humanos y naturales tenían a su disposición”.  Así es como se agrietan y derrumban todas las civilizaciones. Y la nuestra no es la excepción.3

Al final, la topología del paradeisos se revelará nuevamente: las élites resguardadas tras la murallas de sus palacios mientras a su alrededor, en el parque de cacería, arde el mundo.


  1. Hedges y Sacco, Días de destrucción, días de revuelta, 143.   ↩︎
  2. Muriel Kane, “Chris Hedges: America’s devastated ‘sacrifice zones’ are the future for all of us,” Raw Story,  Julio 20, 2012, https://www.rawstory.com/2012/07/chris-hedges-americas-sacrifice-zones-being-destroyed-for-profit/  ↩︎
  3. Hedges y Sacco, Días de destrucción, días de revuelta, 164. ↩︎

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