§ 8.20. Prisioneros

They gambled all our pride

They want money instead 

They gone and speared my side

I think they want me dead

IDLES, Mercedes Marxist

Si bien la devastación del mundo natural es la más grave consecuencia de nuestro actual sistema económico, está lejos de ser única en su capacidad destructiva. Las dinámicas económicas que resultaron en la tercerización masiva del sector de la manufactura y su traslado a países en vías de desarrollo no solo determinaron las condiciones laborales del tercer mundo, cambiaron el panorama laboral del primero para siempre (8.6, 8.16, 8.18). En efecto, la llamada gig economy (economía de trabajo temporal) que se ha consolidado posterior a la crisis del 2008 con la aparición del capitalismo de datos, se caracteriza por estar «extendiendo a nuevas áreas tendencias anteriores. Si bien la tercerización en algún momento principalmente se dio en la manufactura, en la administración y en el sector hotelero, hoy se está extendiendo a una nueva variedad de nuevos empleos: taxis, peluquerías, estilistas, limpieza, plomería, pintores, mudanzas, moderación de contenido, etc. incluso está avanzando a los trabajos de oficina —corrección, edición, programación y contabilidad, por ejemplo»1.

Las heridas que la crisis de 2008 infligió a la economía mundial, como bajas tasas de interés y una creciente inestabilidad laboral, continuaron como tendencia durante la siguiente década, a medida que un nuevo modelo económico basado en datos —llamado capitalismo de vigilancia por Shoshana Zuboff—, comenzó a reproducir las estrategias de producción austera y de subcontratación aplicadas por gigantes manufactureros como GM (8.6) en los años setenta y que corporaciones como Nike generalizaron en los noventa. El resultado ha sido la propagación de un mercado laboral profundamente desigual e inestable que ha empobrecido a la clase media a escala mundial y ha dado a las nuevas corporaciones tecnológicas como Uber, Deliveroo y Rappi, acceso a una fuerza laboral desesperada por encontrar cualquier tipo de empleo. La continuidad entre las maquilas y las ZPE y el nuevo mercado laboral es patente, ambos son resultado de procesos económicos que surgieron durante los años de posguerra y se intensificaron con la aparición de nuevas tecnologías de datos. Esta tendencia me alcanzó justo en medio de la pandemia del 2020 cuando la compañía en la que he trabajado por dieciséis años decidió recortar aún más sus gastos de nómina y contratarme como un asesor independiente por horas, con lo cual mis entradas se redujeron a menos de la mitad y me vi obligado a buscar formas alternativas de ingreso. 

Si el modelo de excepción económica que hemos examinado en este capítulo es un heredero directo del colonialismo, entendido como una fórmula que apalanca el poder mercantil en el militar y viceversa (8.4), su consecuencia es que a medida que los recursos naturales se agotan o se ven irremediablemente contaminados (8.19) el colonialismo no tendrá más remedio que empezar a comerse a sí mismo. Prueba de esto es que sus tácticas de dominación económica ahora están siendo aplicadas a los descendientes de las poblaciones del primer mundo que le dieron vida al colonialismo hace siglos. Aquellos que tenemos la fortuna de no trabajar en una ZPE, igual nos hemos convertido en prisioneros del paradeisos sin muros que subyace a la economía global (0.28). Esta gran maquila planetaria, que ha empezado a abarcar grandes porciones de la población mundial, se ha desarrollado en las últimas décadas oculta tras los procesos económicos de rentabilidad, austeridad y competitividad (8.6, 8.9, 8.10, 8.11, 8.12) que han definido la economía desde mediados del siglo XX.

Nuestra situación es vívidamente expresada por Hedges y Sacco en un fragmento que vale la pena citar en su totalidad:

El viejo conflicto entre indios y americanos descendientes de europeos, entre colonizados y colonizadores, entre siervos y amos, no fue más que el molde para la última atrocidad del estado corporativo. La tiranía que impusimos a los demás ahora se nos está imponiendo, finalmente, a nosotros. Nos hemos convertido, también, en prisioneros de una reserva. Nos hemos convertido, también, en esclavos a sueldo. Nos hemos quedado, también, sin medios para abastecernos. Hemos pasado, también, a no cultivar nuestra comida y a no tejer nuestra propia ropa. Somos tan dependientes del estado como los indios que fueron arrinconados en las agencias y despojados de su autonomía. Cuando quedaron atrapados en las reservas; cuando las manadas de búfalos dejaron de existir; cuando los indios quedaron sin poder migrar en grupos… cuando pasó todo esto, se convirtieron en lo que la mayoría de nosotros somos ahora: prisioneros.2


  1. Nick Srnicek, Capitalismo de plataformas, 78.  ↩︎
  2. Hedges y Sacco, Días de destrucción, días de revuelta, 68. ↩︎

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