§ 8.18. Camden, NJ

Las cosas ya iban mal para mucha gente, incluso en las llamadas economías desarrolladas, mucho antes de la última gran crisis. El caso más importante de devastación económica de toda una ciudad —mucho antes de que General Motors empezara a cerrar sus fábricas en Detroit y Flint (8.6)—,  es el de Camden, Nueva Jersey, actualmente una de las ciudades más pobres de los Estados Unidos como también una de las más peligrosas. Ubicada a orillas del río Delaware al otro lado de Filadelfia, esta ciudad pasó por un gran auge industrial a finales del siglo XIX y la primera mitad del XX:

Gracias a su ubicación estratégica, Camden se convirtió velozmente en un gigante industrial. La New York Shipbuilding Corporation, que inauguró sus primeras instalaciones en la ciudad en 1900, fue una de las mayores compañías de construcción naval de los Estados Unidos. La Campbell Soup Company nació en Camden en 1869 como una pequeña empresa de enlatado […] Producían latas de tomate, verdura, mermelada, sopa, condimentos y carne picada. La Victor Talking Machine Company —que se convertiría más tarde en RCA— construyó sus estudios de grabación y producción musical en Camden. [La ciudad] llegó a emplear a unos 36.000 trabajadores en sus astilleros durante la Segunda Guerra Mundial, y construyó algunos de los mayores buques de guerra de todo el país, como el USS Kitty Hawk o el USS Savannah.1

Para la década de los sesentas, las industrias de la ciudad cayeron presas de las políticas de tercerización provocadas por la sobreproducción industrial proveniente de países como Alemania y Japón. La fábricas abandonaron la ciudad buscando una fuerza de trabajo más barata en el extranjero (8.4, 8.5), dejando en su estela un éxodo de vecinos de raza blanca que sumió a la economía de la ciudad en el caos. Se produjeron disturbios raciales y áreas enteras de la ciudad fueron saqueadas e incendiadas. Camden, recordada por su vibrante clase media que tenía acceso a dieciocho cines, iglesias y sinagogas, se vino abajo cuando la mayor parte del presupuesto de la ciudad fue reducido dejando en su lugar solo las estructuras básicas de servicios, que luego fueron saqueadas por políticos corruptos. «Cuando Camden murió al fin, su cadaver se convirtió en un vertedero», dicen Hedges y Sacco,

El condado se quedó con unas de las 16 hectáreas de terrenos municipales a orillas del río para construir una planta de tratamiento de aguas residuales que procesa 220 millones de litros de agua al día. El hedor resultante flota por todas las calles de la ciudad. En la orilla del río también se erige una enorme planta incineradora de basura que emite sus nubes nocivas todo el día. También hay una cárcel, una inmensa fábrica de cemento, montañas de chatarra y una trituradora gigante, ya hay planificado un centro de dispensación de metadona. Camden es el símbolo de la América postindustrial. Es un presagio del callejón sin salida al que más y más estadounidenses nos veremos abocados. Y, todo ello, mientras las grandes corporaciones “cosechan” lo que queda del país para obtener beneficios a corto plazo sin que les importen la ruina y el desastre medioambiental que dejan atrás.2

Camden es solo una de las zonas sacrificadas3 —áreas geográficas del primer mundo perjudicadas permanentemente por el daño ambiental o la desinversión económica—,  que vienen apareciendo en el último siglo como consecuencia de la visión de “progreso” del neoliberalismo. Altares de sacrificio a una cultura corporativa que está a punto de llevarnos a un eco-econo-cataclismo.


  1. Hedges y Sacoo, Días de destrucción, días de revuelta, 88-89. ↩︎
  2. Ibíd., 91. ↩︎
  3. Es bastante revelador que el término “zona de sacrificio” haya sido acuñado en la ex-unión soviética para describir áreas, como Chernobyl, que ha sido irrevocablemente contaminadas por precipitación radioactiva. (“Think Globally, Act Locally: Steve Lerner, ‘Sacrifice Zones,’ at Politics and Prose”) ↩︎

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