La transición de un panteón divino a uno humano sucede temprano en la evolución social humana. Durante cierta etapa de la sociedad primitiva, dice el mitólogo y antropólogo victoriano James George Frazer, «el rey o sacerdote estaba dotado, según creen, de virtudes o poderes sobrenaturales o es la encarnación de una deidad […]» Según Frazer, la sucesión al trono primitivo de Roma era exogámica y matrilineal, es decir, los padres eran extranjeros y el derecho al reino lo transmitía la madre (1.2). El padre desconocido, aparte de apaciguar el derecho del hijo al trono y evitar el parricidio (1.1, 1.5), explica la leyenda según la cual los reyes latinos nacieron de madres vírgenes y padres divinos. Si en el nacimiento de estos reyes, nos dice Frazer,
hubo desconocimiento de sus padres, este hecho acusa una moral relajada de la familia real o una relajación especial de las leyes morales en ciertas ocasiones en que los hombres y mujeres revertían en una época dada al libertinaje de tiempos anteriores. Tales saturnalias no son infrecuentes en algunos momentos de la evolución social […] Las criaturas nacidas de los concúbitos más o menos promiscuos que caracterizan a los festivales de esta clase, serían lógicamente considerados como hijos del dios a quien se dedicaba la fiesta.1
Mikado, uno de los nombres con los que los japoneses solían llamar a su emperador —de mi, “sublime”, y kado, “puerta”—, era considerado descendiente y encarnación de Amaterasu, diosa del sol que rige la totalidad del universo y por tanto, a dioses y hombres por igual. La “puerta sublime”, el emperador, es el camino por donde lo divino penetra en lo humano. Sin embargo, el término Mikado es obsoleto y el nombre que se le da en la actualidad al emperador es Tenno, que significa “soberano celestial”. Esta identificación del emperador con el cielo y el sol revela que las monarquías modernas aún mantienen una conexión, por tenue que esta sea, con la capa temprana de desarrollo social que le dio origen.
- James George Frazer, La rama dorada, 98. ↩︎
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