§ 1.6. Saturnalia

La transición de un panteón divino a uno humano sucede temprano en la evolución social humana. Durante cierta etapa de la sociedad primitiva, dice el mitólogo y antropólogo victoriano James George Frazer, «el rey o sacerdote estaba dotado, según creen, de virtudes o poderes sobrenaturales o es la encarnación de una deidad […]» Según Frazer, la sucesión al trono primitivo de Roma era exogámica y matrilineal, es decir, los padres eran extranjeros y el derecho al reino lo transmitía la madre (1.2). El padre desconocido, aparte de apaciguar el derecho del hijo al trono y evitar el parricidio (1.1, 1.5), explica la leyenda según la cual los reyes latinos nacieron de madres vírgenes y padres divinos. Si en el nacimiento de estos reyes, nos dice Frazer,

hubo desconocimiento de sus padres, este hecho acusa una moral relajada de la familia real o una relajación especial de las leyes morales en ciertas ocasiones en que los hombres y mujeres revertían en una época dada al libertinaje de tiempos anteriores. Tales saturnalias no son infrecuentes en algunos momentos de la evolución social […] Las criaturas nacidas de los concúbitos más o menos promiscuos que caracterizan a los festivales de esta clase, serían lógicamente considerados como hijos del dios a quien se dedicaba la fiesta.1

Mikado, uno de los nombres con los que los japoneses solían llamar a  su emperador —de mi, “sublime”, y kado, “puerta”—, era considerado descendiente y encarnación de Amaterasu, diosa del sol que rige la totalidad del universo y por tanto, a dioses y hombres por igual. La “puerta sublime”, el emperador, es el camino por donde lo divino penetra en lo humano. Sin embargo, el término Mikado es obsoleto y el nombre que se le da en la actualidad al emperador es Tenno, que significa “soberano celestial”. Esta identificación del emperador con el cielo y el sol revela que las monarquías modernas aún mantienen una conexión, por tenue que esta sea, con la capa temprana de desarrollo social que le dio origen.


  1. James George Frazer, La rama dorada, 98. ↩︎

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