§ 2. El dandi, o el reino del humano-mercancía

En vano se esfuerzan las sociedades por mantenerse firmes, y las aristocracias por cerrarse a todo lo que no sean las opiniones heredadas de la tradición, porque llega un día el capricho y se subleva, emergiendo por entre esta maraña  de clasificaciones que parecían impenetrables pero que estaban minadas por el tedio. Así fue como la Frivolidad de un pueblo de rígida apariencia y grosero utilitarismo, por una parte, y la Imaginación que reclamaba sus derechos ante una ley moral demasiado estrecha para ser auténtica, por otra, acabaron produciendo un tipo de expresión, una ciencia de las maneras y las actitudes imposibles de concebir en otro lugar, y de las que Brummell constituyó la transposición más acabada que jamás existiera. 


Jules Barbey d’Aurevilly, Del dandismo y de George Brummell


§ 2.1. Regencia

En 1821 Sir George Hayter —pintor británico mejor conocido por su el Retrato Estatal de la Reina Victoria (1838), hizo un estudio en oleo de la coronación de Jorge IV. Como las pinturas que Kafka describe en El proceso (1.17), el cuadro de Hayter muestra un imponente trono en la parte superior de la larga escalinata de una de las capillas de la abadía de Westminster; un soberano inasequible y enmarcado por un enorme dosel dorado y rojo. El estudio de Hayter, un modesto cuadro de treinta y cinco por cincuenta centímetros, representa una de las coronaciones más caras en la historia del Reino Unido; la ceremonia y la preparación de los alrededores de la abadía habría costado veintiún millones de libras esterlinas en el 2019. 

George Hayter, Coronación de Jorge IV (1821)

Para el momento de su coronación, Jorge IV tenía 57 años y era un hombre obeso y escrofuloso. Su afición por los banquetes espléndidos y el consumo excesivo de alcohol lo había dejado a merced de la gota, la arterioesclerosis y el edema; se presume que se había vuelto adicto al laudano por cuenta de sus terribles dolores de vejiga. Había servido, con el título de príncipe de Gales, como Regente desde 1811 cuando su padre Jorge III finalmente fue declarado interdicto por el Parlamento luego de frecuentes ataques de locura que tuvieron lugar por más de dos décadas. Jorge IV fue un regente y rey tan amado como odiado. Un extracto del diario de uno de sus ayudantes personales:

No existe un perro más despreciable, cobarde, egoísta e insensible […] Ha habido reyes buenos y sabios, pero no muchos […] y creo que este es uno de los peores.1

A pesar de sus rasgos personales, el futuro rey fue un gran mecenas de las artes y la Regencia es recordada como una época de enormes cambios sociales, políticos y económicos para la sociedad británica. Fue un tiempo de grandes logros culturales en las artes y la arquitectura, en la mayoría de ocasiones a expensas de la gente común. «La tiranía y la opresión», nos recuerda John Gray, «pueden engendrar modos de vida agradables y placenteros, mientras que la existencia de virtudes delicadas puede depender de rasgos humanos de lo más sórdido».2


  1. Kenneth Baker, “George IV: a Sketch,” History Today, Volumen 55, Número 10, Octubre, 2005.  ↩︎
  2. John Gray, El alma de las marionetas: un breve estudio sobre la libertad del ser humano, 42. ↩︎

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