§ 2.7. Viñetas (1)

Cuatro viñetas (tanto fácticas como ficticias) de Beau Brummell:

Virginia Woolf, Beau Brummell (1925):

Poseía destreza y fineza de juicio, eso es seguro, sin lo cual no hubiera llevado el arte de hacer el nudo de la corbata a la perfección. La historia tal vez sea demasiado conocida: echaba la cabeza hacia atrás y bajaba lentamente el mentón, de manera que el tejido se plisara  con perfecta simetría; o bien, si un pliegue quedaba demasiado profundo o demasiado leve, la tela era relegada a un canasto y el ensayo recomenzaba, mientras que el príncipe de Gales permanecía sentado, hora tras hora, mirando.

Jules Barbey d’Aurevilly, Del dandismo y de George Brummell (1845):

Brummell usaba unos guantes que moldeaban sus manos como una muselina humedecida. Sin embargo, el dandismo no estribaba en la perfección de tales guantes, que perfilaban el contorno de las uñas del mismo modo que la carne, sino que residía en el hecho de que los habían confeccionado cuatro artistas especiales: tres para la mano y uno para el pulgar.

William Hazlitt, Brummelliana (1828):

Consideramos a Beau Brummell como el mejor de los pequeños ingenios. De hecho, a este respecto, puede ser considerado, como dice Cowley de Píndaro como “una especie sola”, una clase en sí mismo. Él ha llegado al mínimo de ingenio y lo ha reducido, “con felicidad o dolor”, a un punto casi invisible. Todos sus bons mots se centran en una sola circunstancia, la exageración de meras tonterías al rango de asuntos de importancia, o el tratamiento de todo lo demás con la mayor despreocupación e indiferencia, como si todo lo que pretendiera pasar más allá de esos límites fuera aburrido, y perturbara el sereno aire de la gran vida.

Honoré de Balzac, Tratado de la vida elegante (1830)

Sin embargo, señoresañadió Brummell—, existe un hecho que domina a todos los demás: el hombre se viste ante de actuar, de hablar, de caminar, de comer. Los actos que atañen a la moda, al porte, a la conversación, etc. no son nunca más que las consecuencias de nuestra toilette. Sterne, ese admirable observador, ha proclamado de la forma más ingeniosa que las ideas de un hombre afeitado no eran las mismas que las de un hombre barbudo. Todos nosotros experimentamos la influencia del traje. El artista, una vez hecha su toilette ya no trabaja. Una mujer vestida con una bata o engalanada para un baile parece otra… ¡Se diría que son dos mujeres distintas!

Balzac en particular es muy hábil a la hora de jugar con la confusión de la realidad y la ficción que caracteriza al dandismo (2.4, 2.6):

Al mantener el nombre de Brummell y mezclar los hechos biográficos con sus propios invenciones, Balzac va más allá de simplemente modelar un personaje a partir de un individuo real, a apropiarse de la celebridad de Brummell como parte integral del texto. Este movimiento intenta resolver el dilema estético del dandismo sobre cómo reproducir lo que debe seguir siendo único.1

La reputación mítica de Brummell reside precisamente en su capacidad para “estar” en un umbral (0.9), en su caso uno entre la ficción y la realidad.


  1. Rhonda K. Garelick, Rising Star: Dandyism, Gender, and Performance in the Fin de Siecle, 16. ↩︎

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