En El hombre sin atributos Robert Musil hace un excepcional retrato de la percepción propia de este tipo de desorden. Uno de sus personajes, Moosbrugger, es un carpintero solitario que es aprehendido por la policía luego de asesinar a un prostituta. La brutalidad del crimen despierta el interés de la prensa, que hace hasta lo imposible por tildarlo de loco. En efecto, Moosbrugger es lo que ahora llamaríamos un psicótico y, sin embargo, se trataba de un hombre apacible que rara vez recurría a la violencia. Su problema estaba en cómo dividía lo que está adentro de lo que está afuera:
él oía entonces voces o música, o un gemido y un zumbido, también silbidos y ruido de cencerros, o tiros, truenos, risas, gritos, charlas y susurros. Llegaban de todas partes; se paraban en los muros, en el aire, en los vestidos y en su cuerpo. Tenía la impresión de que los llevaba consigo en el cuerpo cuando callaba; y en cuanto salían fuera se escondían en las cercanías, no muy lejos de él. Mientras trabajaba, las voces le hablaban con palabras entrecortadas y frases breves, le injuriaban y le criticaban y, si pensaba alguna cosa, se expresaban de tal manera y con tal perseverancia que tenía que atenderlas, o decían maliciosamente lo contrario de lo que él deseaba. Mossbrugger se reía de que quisieran considerarle enfermo por eso; él mismo trataba a aquellas voces y aquellos rostros como si fueran monos. Le entretenía oír y ver lo que hacían; eran mil veces mejor que los pesados y tenaces pensamientos de su cabeza; en definitiva, era natural.1
En este mundo de fronteras blandas, en el que el adentro sale y el afuera entra, Moosbrugger está en constante peligro de perder su identidad. Durante las crisis más severas el mundo se le aparece como una única superficie:
La mesa era Moosbrugger.
La silla era Moosbrugger.
La ventana de rejas y la puerta cerrada eran él mismo.
No se le ocurría pensar que aquello podía ser una insensatez o algo extraordinario. Los elásticos habían desaparecido. Detrás de cada cosa o criatura hay, cuando quieren aproximarse a otras cosas o criaturas, un elástico que se estira. Si no, se podrían mezclar todas. Y en cada movimiento existe un elástico que no deja hacer a nadie lo que quiere. Estos elásticos han desaparecido de repente. ¿O era sólo que el inhibitorio sentimiento parecía como compuesto de elásticos?2
En la psicosis el adentro y el afuera desaparecen en su papel de polos que dan orden al mundo (2.3). Pero esta circunstancia, como se deriva del estudio de Jaynes, puede tratarse no sólo de una patología sino de una herramienta de organización perceptual y social.
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