§ 5.11. Tres ejemplos de la moda como un sistema de alerta temprana:

5.11.1. Westwood+McLaren=SEX.

Al asumir el cargo de líder del partido conservador en 1975, Margaret Thatcher comenzó la ruptura con el llamado “consenso de postguerra”, que durante décadas había mantenido un estado de beneficencia, una industria nacionalizada y una economía regulada en todo el Reino Unido, e impuso un nuevo programa político y económico conocido como Thatcherismo. Nigel Lawson, su secretario del tesoro, lo definió con la siguiente fórmula: «mercados libres, disciplina financiera, firme control sobre el gasto público, recortes de impuestos, nacionalismo, “valores victorianos” […] privatización y un poco de populismo».1 Como era de esperarse, estas medidas, que apuntaban a la modernización de la economía británica, terminaron por perjudicar a una gran porción de la población de clase media y media baja que se sintió profundamente alienada por su gobierno. 

Unos años antes, Malcom McLaren, desertor de una escuela de arte, y Vivienne Westwood, una profesora de colegio, montaron una tienda en el distrito de Chelsea en Londres, donde vendían ropa inspirada en la moda de los rebeldes de los años cincuenta y que, a medida que se estropeaba el ambiente económico del país, se tornó más agresiva y displicente con los estándares tradicionales. Para 1974, las colecciones de la tienda incluían pantalones de latex y spandex, camisetas quemadas, cortadas y remendadas con ganchos de nodriza y prendas de inspiración abiertamente sadomasoquista. SEX, el nombre de la tienda por entonces, se convirtió en el centro de reunión de una nueva subcultura: el punk. 

En efecto, es posible ver en las prendas estropeadas y remendadas de Westwood y McLaren el triste estado del cuerpo social del Reino Unido (1.9). Luego de décadas de estabilidad bajo un estado de beneficencia, se le impuso al pueblo una serie de medidas económicas neoliberales que no solo lo desgarraron como una prenda vieja sino que quisieron remendarlo a punta de una economía de libre mercado y privatización. Acerca del componente sadomasoquista de la ropa de Westwood, estos revelan el acento biopolítico de la estética punk: en ella se une lo público y lo privado, de modo que la nuda vida (zoé) y la existencia política (bios) intercambian sus papeles. En palabras de Agamben:

La importancia creciente del sadomasoquismo en la modernidad tiene su raíz en este intercambio, puesto que el sadomasoquismo es, precisamente, esa técnica de la sexualidad que consiste en hacer surgir en el partner la nuda vida.2

El punk es tal vez la estética más sincera y escueta sobre las relaciones de poder en nuestro tiempo.


  1. Claire Berlinski, There is No Alternative: Why Margaret Thatcher Matters, 115. Traducción propia. ↩︎
  2. Agamben, Homo Sacer, 171. ↩︎

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