§ 0.27. Paradeisos

Si la cacería es la actividad de donde surge la dinámica del dominio y la soberanía, el lugar donde ésta se lleva a cabo debe ser su locus primigenio. Originalmente la cacería tiene lugar en el bosque —representación mitológica del inconsciente y el lugar natural del “otro”—, pero a medida que esta actividad se asocia a la soberanía, se empieza a institucionalizar un lugar exclusivo para ella, un parque cerrado que los griegos, siguiendo un uso persa, llamaron paradeisos (0.3). En el New Testament Greek Lexicon encontramos la siguiente definición de este término:

entre los persas un gran recinto o reserva, terreno de caza, parque, a la sombra y bien irrigado, en el que los animales salvajes eran mantenidos para la caza; estaba rodeado de muros y dotado de atalayas para los cazadores.1

El parque, entendido como un terreno destinado exclusivamente a la cacería, es una extensión de la casa, del domus y, a través de esta, de la dominación humana. El domus es el núcleo emocional del paradeisos. Así pues, cercar un parque implica crear una umbral entre el yo y el otro. En un paradeisos estamos tanto adentro como afuera; dentro del domus y afuera en la naturaleza.

En este respecto, es notable que el parque de cacería, evidentemente un locus terribilis para los animales allí atrapados, comparta dos de sus principales características con el locus amoenus:el tener sombra y estar bien irrigado (0.1). Esta cuestión muestra la profunda interpenetración, el umbral único de donde surge lo ameno y lo terrible; un genuino locus ambiguus que es ameno para el yo y la soberanía y, a la vez, terrible para la presa, ahora la encarnación del otro. En la terminología de Agamben, el parque de cacería es un lugar que excluye al otro incluyéndolo (al cazarlo) y lo incluye excluyéndolo (al atraparlo o matarlo). Si la excepción es la forma jurídica del locus terribilis (0.10), el paradeisos es su forma topológica.

Cabe resaltar que la extensión del dominio humano implícita en el parque de cacería, trae consigo la completa división del yo y el otro en un escenario de excepción. Una vez este proceso ha tenido lugar no existe límite para los abusos de la soberanía, que se llevan a cabo como un acto de cacería sobre todos y todo.  

En palabras de Rousseau: «la especie humana está dividida en rebaños de ganado cada uno con un jefe que lo protege para devorarlo». 


  1. Es importante notar que existen testimonio de paraísos en Lidia antes de la época del imperio persa. Según el historiador Pierre Briant, «tales parques eran conocidos en Asiria y en otros lugares desde mucho antes. Más bien, los persas probablemente difundieron el modelo del paraíso aún más ampliamente en Asia menor. Jenofonte (Cyr. VIII. 6.12) informa que “Ciro” exigía a sus sátrapas que “también tuvieran parques y mantuvieran animales salvajes en ellos”. Podríamos decir, que las relaciones sociales entre las aristocracias lidia y persa aseguraban que su comportamiento social no se desviaría mucho el uno del otro». (Briant, From Cyrus to Alexander: A History of the Persian Empire, 83-84). Así pues, la presencia de paradeisos en numerosas culturas tanto en Oriente Medio como en Asia menor muestra la inclinación de las élites hacia la domesticación de la tierra junto con todo lo que hay en ella. ↩︎

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