El cerramiento del Gueto de Venecia marca la aparición de una nueva forma de locus terribilis diferente a los escenarios de confinamiento conocidos hasta entonces, como las estaciones de cuarentena o lazzarettos (otra invención veneciana) y las colonias de leprosos que abundaban cerca a los puertos del Mediterráneo. Pero aún más importante, mientras el lazzaretto y el leprosario fueron diseñados para contener agentes biológicos, el Gueto pretende contener un supuesto agente de contaminación “espiritual” (7.6), es decir, estaban diseñados para contener la alteridad.
Por otra parte, a diferencia del bando hasta cierto punto voluntario de los romaníes (7.2), que encuentra su expresión topográfica en el campamento, los judíos de Venecia se vieron confinados contra su voluntad en un espacio geográfico perfectamente adecuado a este propósito, una isla. Podían entrar y salir del Ghetto Nuovo una vez al día y continuaban interactuando con el resto de la población de la ciudad, pero sus opciones y por consiguiente sus fuentes de ingreso se habían visto severamente limitadas. El Gueto de Venecia propone un lugar cerrado pero permeable, donde se está y no se está simultáneamente. Como la puerta de Ante de la ley de Kafka (0.9), el portón del Gueto de Venecia se abre a un lugar de excepción; un no-lugar dentro del cual solo se existe para sí mismo y para los suyos, pero no para el resto de la población.
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