La polis —entendida aquí como una reserva amurallada de bios que se alimenta de la zoé proveniente de extramuros (0.10, 0.12, 0.19)—, es una evolución del domus cuya expresión primigenia es la domesticación de la naturaleza (0.24, 0.25). Así pues, el paradeisos, en tanto expresión de la extensión simultánea del domus y del dominio humano, es la topología subyacente a todas las urbes humanas.
En vista de lo anterior, la estructura de la ciudad amurallada (urbs) de la modernidad temprana, se reproduce de manera fractal en todas las ciudades modernas en la estructura centro-suburbio-periferia (0.28) que dio lugar a un nuevo tipo de gueto cuyos muros están construidos ya no de ladrillo y argamasa sino de alteridad, desigualdad económica y prácticas legales discriminatorias. Este es la situación de los barrios de invasión, las favelas y las zonas de contención o tolerancia que rodean a todos los centros urbanos modernos, “guetos”, en un sentido más amplio del término, que han surgido espontáneamente en la periferia de las ciudades alimentados por el fermento secular del racismo, el clasismo y la pobreza, sin necesidad de un decreto oficial. Su aparición espontánea y generalizada radica en que son estructuras implícitas a la dinámica de dominación y soberanía del topos urbano.
Una analogía: bios es al yo que vive amurallado en la polis como zoé a la alteridad obligada a morar en su periferia, entre la ciudad y sus baldíos.
Deja un comentario