Aunque ello parezca una paradoja (y las paradojas son peligrosas), no es
menos cierto que la Vida imita al Arte más que el Arte imita a la Vida.
Oscar wilde, La decadencia de la mentira
El 15 de julio de 1974 —dos años antes del estreno de Network—, Christine Chubbuck, periodista del canal 40 de Saratoga en Florida, se suicidó mientras presentaba Suncoast Digest, uno de los programas de la mañana. Chubbuck sufría de una depresión severa que había comentado con familiares y amigos y ya había intentado suicidarse en 1970 con una sobredosis de barbitúricos. Esa mañana engañó a sus colegas del canal para abrir la transmisión del programa, algo que nunca antes había hecho. Mientras presentaba una noticia sobre un tiroteo en un restaurante local, la cinta del incidente falló y de la nada Chubbuck dijo despreocupadamente: «Siguiendo con la política de Canal 40 de traerles lo último en sangre y vísceras a todo color, van a ver otra primicia: un intento de suicidio»1. Acto seguido tomó un revolver del escritorio del presentador y se disparó detrás de la oreja derecha. Segundos después el canal puso un anuncio de dificultades técnicas. La realidad es más extraña que la ficción, o por lo menos en ocasiones se le adelanta.
Que este parezca un caso del arte imitando a la vida —en contravía a la máxima de Oscar Wilde—, bien podría depender de la mirada prosaica y realista que caracteriza a nuestro tiempo. Paddy Chayefsky, el guionista de Network, declaró que desde un principio el foco de la película era mostrar una muerte en vivo y que comenzó a trabajar en el guión antes del suicidio de Christine Chubbuck. Más adelante Lumet confirmaría que el personaje de Howard Beale no estuvo basado en una persona real. Pero aún si Chayefsky no se basó en la muerte de Chubbuck para el guión, la idea de un suicidio televisado claramente estaba en el ambiente. Para los años setenta solo era necesario pensar el acto más violento y chocante posible, y casi con certeza alguna cadena de televisión estaría dispuesta a transmitirlo por rating.
Estos paradójicos (y peligrosos) umbrales espontáneos suceden a menudo en un mundo mediatizado donde la producción cultural es cada vez más abundante, pero apuntan a una creciente interpenetración entre realidad y ficción, anuncian que los medios ya no están exclusivamente fuera de nosotros, sino que somos nosotros los que hemos empezado a vivir en un umbral cada vez más estrecho que está compuesto de mapa y territorio. Fue con gran clarividencia que J.G. Ballard declaró en el prólogo de la edición francesa de Crash:
Vivimos en un mundo gobernado por ficciones de todo tipo: el mercadeo masivo, la publicidad, la política llevada a cabo como una rama de la publicidad […] Vivimos dentro de una enorme novela. Para el escritor, en particular, cada vez es menos necesario inventar el contenido ficticio de su novela. La ficción ya está ahí. La tarea del escritor es inventar la realidad.2
Nuestro mundo se ha convertido en una irrealidad mediática (5.22), una enorme novela en la que el único papel sensato probablemente sea despertar del hechizo que nos plantean los medios de comunicación.3
- Sam Adams, “What Christine Chubbuck’s Suicide Says About Today’s Media Landscape,” Rolling Stone, October 13, 2016, https://www.rollingstone.com/movies/movie-news/what-christine-chubbucks-suicide-says-about-todays-media-landscape-192087/ ↩︎
- Tomado de “JG Ballard’s Introduction to the French Edition of Crash.” Disponible en: https://imagesoferoticism.com/2013/10/20/jg-ballard-introduction-to-crash-1974/ Traducción del autor. ↩︎
- Un tratamiento histórico de esta cuestión, visto desde el punto de vista de la magia renacentista, es el tema central de mi libro The Hounds of Actaeon: The Magical Origins of Public Relations and Modern Media (Washington: Academica Press, 2020). ↩︎
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