§ 9.3. El show de Howard Beale

La película Network (1976) de Sidney Lumet una de las críticas más acertadas y mordaces a los medios de comunicación jamás producidas, narra las desventuras de Howard Beale, un presentador de noticias cincuentón que es despedido por bajos índices de audiencia, y de Diana Christensen, una ambiciosa vicepresidenta de programación dispuesta a todo para subir los ratings de la cadena. Cuando Howard anuncia públicamente que va a suicidarse en vivo y en directo en su programa, Diana aprovecha la oportunidad para transformarlo en «un profeta de los últimos días. Una magnífica figura mesiánica que denuncia las hipocresías de nuestro tiempo. Un Savonarola de esquina, de lunes a viernes»1.

Antes de su primera transmisión luego de anunciar su suicidio Howard tiene una visión en la que una voz le pide que le diga la verdad a la gente. El presentador reacciona incrédulamente pero la voz le dice que se encargará de eso, que le pondrá las palabras en la boca. «Por Dios», dice Howard, «yo no soy Moises», a lo que la voz le contesta, «y yo no soy Dios. ¿Qué tiene Dios que ver con todo esto? No estamos hablando de la verdad eterna o la verdad absoluta o la verdad última. Estamos hablando de la impermanente y transitoria verdad humana». Cuando Howard le pregunta lo que preguntaría cualquier profeta en ciernes, «¿por qué yo?», la voz le contesta: «¡Porque estás en la televisión, tonto!»2

Howard es un profeta para nuestros tiempos, imbuido no por un dios inefable sino por una energía que lo vincula a sus sentimientos más profundos que, por supuesto, comparte con miles de personas. Su discurso se basa en pregonar “la verdad”, algo genuino y supuestamente no mediado o, en palabras de Diana, en “articular la rabia del pueblo”. Por supuesto, este discurso parecería espontáneo y accesible, pero para cuando su programa alza el vuelo ya ha sido absorbido por los medios. El Show de Howard Beale es todo un éxito y él se ha convertido en el “profeta loco de la televisión” que despotrica contra la absurdez de los medios en los medios. El resultado de esta operación, como ya hemos visto, solo refuerza al establecimiento mediático (5.5, 6.14):

En este momento, hay toda una generación que no ha conocido nada que no haya salido de este aparato. Este aparato es el Evangelio, la última revelación. Este aparato puede subir o tumbar presidentes, papas, primeros ministros… Este aparato es la fuerza más impresionante de todo es mundo olvidado de Dios […] Así que, escúchenme. Escúchenme: ¡La televisión no es la verdad! ¡La televisión es un maldito parque de atracciones! La televisión es un circo, un carnaval, una compañía itinerante de acróbatas, cuenteros, bailarines, cantantes, malabaristas, fenómenos de feria, domadores de leones y jugadores de fútbol. Estamos en el negocio de matar el aburrimiento. Así que si quieren la verdad… ¡Busquen a Dios! ¡Busquen a sus gurús! ¡Busquen en ustedes mismos! Porque ese es el único lugar donde van a encontrar la verdad.3

El carnaval itinerante de acróbatas, cuenteros y malabaristas del que habla Howard no es otra cosa el parque de diversiones mediático descrito por Marilyn Manson en Holy Wood (6.16), el mundo-centro comercial (3.3.3, 5.12) que resulta del paradeisos capitalista (6.13, 6.14). Y si bien el discurso de Howard da la impresión de ofrecer disensión cuando en realidad solo ofrece su apariencia, la “verdad” oculta en este es esencial para entender nuestro momento histórico: es un llamamiento desesperado para que volvamos a la realidad.

¡Nuestro negocio son las ILUSIONES! ¡Nada de esto es cierto! Pero ustedes están sentados ahí, día tras día, noche tras noche, de todas las edades, colores, credos… Somos todo lo que ustedes conocen. Están empezando a creer en las ilusiones que tejemos aquí. Están empezando a pensar que la televisión es la realidad, y que sus propias vidas son irreales. ¡Ustedes HACEN todo lo que la televisión les dice! Se visten como en la televisión, comen como en la televisión, crían a sus hijos como en la televisión, ¡hasta piensan como en la televisión! ¡Esto es una LOCURA COLECTIVA, y ustedes son unos MANIACOS! En el nombre de Dios, ¡ustedes son la realidad! ¡Nosotros somos la ilusión! Así que apaguen sus televisores. Apáguenlos ahora. Apáguenlos ahora mismo. ¡Apáguenlos y manténgalos apagados! ¡Apáguenlos en medio de esta frase! APÁGUENLOS…4

Lo que Howard Beale le pide a su público a su público en la película y también a nosotros—, es que hagamos el esfuerzo de distinguir entre realidad y ficción (una sutil ironía en nuestro caso), que escapemos del «sueño en vela que ahora constituye la realidad cotidiana», de los sueños mediatizados que se han apoderado del exterior del mundo y ahora habitan su superficie como una pesadilla que persiste luego de que hayamos despertado (4.7).


  1. Network. Dirigida por Sidney Lumet. 1976 ↩︎
  2. Ibíd. ↩︎
  3. Ibíd. ↩︎
  4. Ibíd. ↩︎

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