Lo imaginario era un pretexto de lo real en un mundo dominado por el principio
de realidad. Hoy, es lo real lo que se ha convertido en el pretexto del modelo en
un mundo regido por el principio de simulación. Y, paradójicamente, es lo real lo
que se ha convertido en nuestra utopía, pero una utopía que ya no es posible, una
utopía con la que sólo podemos soñar, como soñamos con un objeto perdido.
Jean Baudrillard, Simulacro y ciencia ficción
En su cuento Del rigor en la ciencia, Jorge Luis Borges habla de un imperio que alcanza tal nivel de perfección de la cartografía que ensimismado en este arte levanta «un Mapa […] que tenía el tamaño del Imperio y coincidía puntualmente con él». Sin embargo, las generaciones posteriores entendieron la inutilidad de tal mapa, que en vez de representar al territorio se sobrepone a este sofocándolo, que reta su “realidad”, y terminaron por abandonarlo a los elementos donde ahora, en los desiertos del oeste, perduran sus ruinas.
Jean Baudrillard tomó la metáfora de Borges para ilustrar su teoría de la simulación y el simulacro, en la que la realidad, a medida que es invadida por una sucesión cada vez más compleja de representaciones, termina perdiendo su calidad de territorio —de ente referencial—, y se transforma en una híperrealidad que ha dejado de tener lugar y origen en la realidad misma; lo que Umberto Eco llamó “una falsificación auténtica”. Una de las circunstancias que Baudrillard uso para demostrar su teoría fue la Primera Guerra de Golfo Pérsico que, aseguraba no había tenido lugar en la realidad sino enteramente en una híperrealidad mediática o, dicho de otro modo, que la imagen de la guerra, su representación, había precedido a la guerra real. De aquí en adelante,
es el mapa el que precede al territorio —PRECESIÓN DE SIMULACROS— y el que lo engendre, y si fuera preciso retomar la fábula [de Borges], hoy serían los girones del territorio los que se pudrirían lentamente sobre la superficie del mapa.1
En este punto ya no se trata de que la Vida imite al arte más que el Arte imite a la vida, como diría Oscar Wilde —lo real ya ha perdido su capacidad referencial—, sino de que la realidad es constantemente superada y sobrecogida por sus representaciones. Si lo real se ha convertido en nuestra utopía, como queda claro de las diatribas de Howard Beale (9.3), es porque la realidad real, el territorio, ha sido abandonado por el simulacro de los medios y ahora habitamos en lo que Baudrillard llamó “el desierto de lo real” (expresión que reaparece, nada casualmente, en The Matrix), un orden social en el que el mapa, el modelo y todo tipo de realidades de segunda mano se han desprendido de cualquier relación con su sustrato originario. A medida que el arte supera a la vida, la distancia que las separa se reduce a una cornisa, un angosto umbral desde donde miramos el mundo desde su mapa.
- Jean Baudrillard, Cultura y Simulacro, 5-6. ↩︎
Deja un comentario