Me encanta. Suicidios, asesinatos, locos con bombas, sicarios de la mafia, choques de
automobiles: “La Hora de la Muerte.” Un gran programa de domingo por la noche
para toda familia. Sacaría a los malditos de Disney del aire.
Network (1976)
Mientras la salud mental de Howard Beale empeora por las exigencias emocionales de su show (9.3), Diane Christensen desarrolla un nuevo proyecto para la cadena. La Hora de Mao Tse-Tung es una serie semanal de drama que sigue la trayectoria de Ejército Ecuménico de Liberación —un grupo terrorista de ultra-izquierda—, en la que que transmitirán filmaciones reales de actos delictivos como robos de bancos, secuestros, bombas, etc, como señuelo para producir rating. Este tipo de ficción transgresora en la que los medios contribuyen al terrorismo convirtiéndolo en una forma de entretenimiento ya la encontramos en Max Headroom (5.4). Al proponerle la idea a Laureen Hobbs, el contacto del Ejército Ecuménico dentro del partido comunista, Diana expresa su visión en estos términos:
Déjame decirte lo que quiero. Quiero muchas más películas como la de la robo al banco que nos envió el Ejército Ecuménico. Me imagino la serie así: cada semana abrimos con un auténtico acto de terrorismo político, tomado sobre la marcha en el momento real. Luego vamos al drama que hay detrás de las imágenes de la película de apertura. Ese es su trabajo, Sra. Hobbs. Tiene que conseguir que los ecuménicos nos traigan ese material cinematográfico. La cadena de televisión no puede tratar con ellos directamente. Ellos, después de todo, son prófugos de la ley.1
La ausencia por parte de Diana de una perspectiva que le permita establecer una relación entre las víctimas de estos actos terroristas y la cadena, y por tanto del hecho de que el sufrimiento de estas personas está a punto de convertirse en una fuente de ingresos, es esencialmente una total ausencia de distanciaentre la representación televisiva y la “vida real” y, por tanto, una pérdida de respeto por la sociedad y la vida (9.1). Si lo “real” —sin importar sus consecuencias—, es lo que vende, eso es lo que la televisión debería transmitir. Simultáneamente, esta actitud hacía la realidad trae una particular consecuencia que ya abordamos, la capacidad de los medios (y del capitalismo en general) para apropiarse de todo aquello que entre en contacto con ellos (5.5, 5.12, 5.18, 6.14, 6.16). Una vez el Ejército Ecuménico de Liberación y Lauren Hobbs se familiarizan con las dinámicas pecuniarias de la cadena y se dan cuenta del provecho económico que pueden sacar de la situación, se olvidan de sus principios y se venden.
Aunque esta sea una representación más bien dramática de esta circunstancia, evidencia una verdad incontestable: a medida que la distancia entre representación y realidad se reduce y los “medios” se convierten en un umbral (9.2, 9.4) o una híperrealidad (9.5), este adquiere la capacidad de absorberlo todo. Como las semillas del espacio exterior de Invasion of the Body Snatchers (1956), los medios amenazan con tragarse todo lo que encuentran a su paso para luego dejar copias, simulacros insustanciales en su lugar. «No hay dolor», dice uno de los dobles al protagonista de la película, «de repente, mientras duermes, absorberán tus mentes, tus recuerdos, y renacerás en un mundo sin problemas»2. Dobles que habitan el mapa y no el territorio.
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