§ 9.12. La ventana indiscreta

Nos hemos convertido en una raza de mirones. Lo que la gente

 debería hacer es salir de su propia casa y mirar hacia adentro

 para variar. Sí, señor. Hay tienen un poco de filosofía casera.


Alfred Hitchcock, La ventana indiscreta

En The Cinematic Society, el sociólogo Norman K. Denzin observa que «la posmodernidad es una época visual, cinematográfica; se conoce a sí misma en parte a través de los reflejos que brotan del ojo de la cámara. El voyeur es el yo icónico posmoderno. A la deriva en un mar de símbolos, nos encontramos, voyeurs todos, como productos de la mirada cinematográfica»1. El cine y la televisión nos transforman en voyeurs, abren una ventana a la realidad de una manera imposible, y hasta cierto punto indeseable, para el teatro. Es por esto que el voyeur es un personaje clásico y las actividades voyeuristas son recurrentes en la historia del cine. Alfred Hitchcock, dice Denzin, es el director voyeur por excelencia, y películas como El hombre que sabía demasiado (1934, 1956) y La ventana indiscreta (1954) son probablemente dos de las obras cumbres del voyeurismo en el cine norteamericano.

En La ventana indiscreta, Hitchcock nos enseña cómo antes de que la cámara entre en la casa (9.9), es el ojo del voyeur el que penetra en la vida privada de los demás. Jeff, un fotógrafo confinado a una silla de ruedas tras un accidente pasa su convalecencia contemplando las vidas de sus vecinos desde su ventana. Como las imágenes de un televisor, las vidas de los otros son simultáneamente asequibles y distantes (9.11). Sin embargo, un día Jeff cree ser testigo de un asesinato. El sospechoso, nos dice Byung-Chul Han, «nota como Jeff, que habita frente a él, lo observa en secreto. En ese momento, él mira a Jeff. Esa terrible mirada del otro, la mirada desde lo real, destruye»2 la mirada encantada del voyeur. El poder devolver la mirada hace que la imagen del otro se torne real, que ambas partes se reencuentren en una realidad común.3 La simetría y reciprocidad rompen el hechizo de la imagen. Cuando el asesino finalmente irrumpe en la casa de Jeff para confrontarlo, este «intenta cegarlo con el fogonazo de la cámara, es decir, intenta desterrarlo de nuevo a la imagen, e incluso refrenarlo, pero no lo consigue»4. Jeff es arrojado por la ventana que, nos dice Han, ha dejado de ser indiscreta para convertirse en una ventana real. 

Como si quisiera acercarse al umbral entre lo imaginario y lo real que describió magistralmente, La ventana indiscreta fue reencauchada en 1998 en una película para televisión. Christopher Reeve, el actor que retomó el papel de James Stewart, realmente estaba confinado a una silla de ruedas.


  1. Norman K. Denzin, The Cinematic Society. Citado por Calvert en Voyeur Nation, 43. ↩︎
  2. Han, En el enjambre, 51. ↩︎
  3. Cabe destacar que en la edición original en alemán de En el enjambre, como también en la traducción inglesa, el adjetivo para la “mirada del otro, la mirada desde lo real” sea unheimliche y uncanny respectivamente. Así pues, para Han lo ominoso, aquello desconcertante pero familiar a la vida anímica, es la realidad misma. ↩︎
  4. Han, En el enjambre, 51. ↩︎

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