§ 10. La red social, o el jardín amurallado

The dogs have come today

The dogs have come to stay

It’s time to get your gun out

And drive the dogs away

[…]

The dogs know when you’re sleeping

They know when you’re awake

How fast your heart is beating

So be ready, or too late


Diamanda Galas, Double-Barrel Prayer

Imaginen ser un animal silvestre vagando por el bosque, un zorro o, por qué no, un venado (0.26). De repente, a sus espaldas, escuchan un ruido: una rama se ha quebrado. Paran las orejas y alzan el hocico, no perciben el olor de un depredador pero definitivamente hay algo fuera de lugar. Asustados echan a correr por la maleza en busca de un lugar para otear lo que sea que los acecha. Saben por experiencia que sus perseguidores conocen sus huellas, que pueden distinguirlas entre todas las demás marcas en el suelo del bosque y que pueden llevarlo hasta donde están. Tan pronto lo ven acercarse (es un cazador) echan a correr nuevamente, esta vez agazapados para evitar ser vistos. Huyen tan rápido como pueden y en cuestión de segundos están más allá de su alcance.

Ahora, imaginen que este cazador tiene la capacidad no solo de distinguir sus huellas sino de saber que van a hacer a continuación. Puede predecir sus movimientos a una velocidad pasmosa, antes de que ustedes siquiera pudieran reaccionar, de modo que en vez de estar tras ustedes siempre se encuentra un paso adelante. Correrían pero sin importar que tan rápido lo hicieran sabrían que no podrían escabullirse. Es entonces que se darían cuenta de que el bosque no es tal y que se encuentran en un lugar cerrado, un jardín amurallado, y que quien los persigue no está interesado en alcanzarlos, sino en espiar y estudiar todos y cada uno de sus movimientos. Caerían en cuenta de estar atrapados en un juego prolongado que se asemeja a la cacería pero se siente como un experimento; el jardín en el que se mueven es un enorme laboratorio.

Por extraño que pueda parecer, esta metáfora es una descripción precisa de la situación de una gran porción de la población humana de nuestro tiempo. Los muros de nuestro paradeisos actual se han vuelto imperceptibles, pero no por ello menos reales. Son los muros que en los últimos capítulos hemos visto sublimarse en las esferas de lo legal y mediático y ahora se han convertido en una abstracción digital, un enorme muro de código que nos aísla tanto de la comunidad como de la realidad.

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