La carrera de Brian Warner —más conocido como Marilyn Manson—, estuvo a punto quedar arruinada por cuenta de su supuesto papel en la masacre de Columbine. Salas de concierto y comunidades en todos los Estados Unidos se negaron a dejarlo tocar en sus predios y recibió múltiples amenazas de muerte, cientos de ellas cuando tocó en Colorado. Su solución a la situación tiene mucho que ver con la dicotomía entre bios y zoé: Warner patentó el nombre Marilyn Manson como una marca registrada, separándose así de su nombre artístico (la máscara del bios), una movida que le permitió actuar sobre éste como un objeto jurídico (0.13). Esta segunda máscara jurídica (aparte de su nombre real) lo facultó para imponer órdenes de cese y suspensión a los medios de comunicación que insistieran en vincularlo a la masacre, (lo que sea que este lo o él conlleve).
Pero quizás el caso más interesante de la compleja dinámica entre bios y zoé en el mundo del espectáculo es el de Prince:
Durante 14 años, el artista anteriormente conocido como “el artista anteriormente conocido como Prince” —que nació como Prince Rogers Nelson—, fue conocido simplemente por su nombre de pila: Prince. Comenzando con su debut For You, de 1978, el cantante de funk publicó 13 álbumes bajo ese seudónimo, incluido su trabajo más conocido, Purple Rain… hasta 1992, cuando repentina e inexplicablemente cambió su nombre de “Prince” a un símbolo impronunciable.1
El símbolo en cuestión —una combinación más bien caprichosa entre los símbolos astrológicos de Venus y Marte—, fue bautizado con el nombre de Love Symbol #2 y Prince como “the artist formerly known as Prince.” La medida resultó, si no desastrosa, al menos perjudicial para las ventas de TAFKAP, como se le empezó a llamar por las engorrosas iniciales de su nuevo seudónimo. ¿Por qué tomar este camino si los riesgos de un cambio de nombre en el caso de un artista bien establecido son más que evidentes? Prince había tenido un contrato con Warner Bros durante toda su carrera y, a principios de los años noventa, lo había renovado. Sin embargo, el nuevo contrato incluía algunas cláusulas adicionales que endurecían los horarios de producción a la vez que disminuían el ritmo de los lanzamientos. Un artista prolífico, Prince «quería lanzar su material tan pronto como estuviera listo —tenía 500 canciones inéditas en la famosa bóveda de su estudio—. Pero Warner Bros se negó, creyendo que saturaría el mercado y diluiría la demanda de su música».2
Como protesta con esta situación con Warner Bros., Prince había empezado presentarse en vivo con la palabra SLAVE pintada en su mejilla derecha y se refirió a su contrato con el sello como una forma de esclavitud. En el comunicado de prensa en que anunció su cambio de nombre Prince se quejó de ser tratado como una mercancía por el sello discográfico. La solución, dejar atrás su nombre artístico que, a diferencia de Marilyn Manson coincidía con su nombre legal, y crear un nuevo “nombre” (un símbolo) que lo exceptuara de sus obligaciones con Warner Bros.
El primer paso que he tomado hacia el objetivo final de emancipación de las cadenas que me atan a Warner Bros. fue cambiar mi nombre de Prince a (símbolo). Prince es el nombre que mi madre me dio cuando nací. Warner Bros. tomó el nombre, lo registró como una marca comercial y lo utilizó como la principal herramienta de marketing para promocionar toda la música que he escrito. Me convertí en un simple peón usado para hacerle más dinero a Warner Bros. […] Nací como Prince y no quiero adoptar otro nombre convencional. El único sustituto aceptable para mi nombre y mi identidad fue un símbolo sin pronunciación, es una representación de mí y de lo que trata mi música.3
El Love Symbol # 2 no solo actuó como una máscara jurídica (bios) que le permitió a Prince lanzar su música a su propio ritmo, también sirvió como una estrategia para escapar de un locus terribilis ideado por Warner Bros, que mercantilizó su nombre de pila y su identidad —una mezcla de su bios y su zoé—, y la utilizó como una marca y una herramienta de marketing. En pocas palabras, usó su privilegio como soberano/celebridad, su acceso a la excepción, para escapar un lugar terrible que se le había impuesto. A diferencia del campesino de la parábola de Kafka o de Pink (0.9, 3.2), Prince encontró una manera de atravesar el intimidante umbral de la ley.
En un movimiento audaz y único, Prince renunció a su condición de mercancía —aunque esporádicamente ya que también continuó trabajando bajo su nombre con Warner Bros—, para proteger su integridad y sus intereses como individuo. Renunció a ser un producto del mundo del espectáculo para recuperar su estatus como un artista genuino y un ser humano. Según el abogado especializado en entretenimiento John Kellogg, el haber cambiado su nombre artístico al love symbol le permitió a Prince «pensar en nuevas formas de hacer dinero como artista independiente».4 En efecto, fue uno de los primeros músicos en vender un álbum en línea e incluir discos con boletos para conciertos y periódicos. En 2006, recibió un Webby Lifetime Achievement por su “uso visionario del Internet para distribuir música”.
- Jefferson Grubbs, “What Did Prince’s Symbol Mean? It Was Both A Contractual Tool & Meaningful Emblem.” Bustle, Abril 21, 2016. ↩︎
- Jessica Lussenhop, “Why did Prince change his name to a symbol?” bbc.com, Abril 22, 2016. ↩︎
- Rupert Till, Pop Cult: Religion and Popular Music, 63. ↩︎
- Lussenhop, “Why did Prince change his name to a symbol?” ↩︎
Deja un comentario