La siguiente estrofa de la canción de St. Vincent con la que abrí este capítulo dice:
In Los Ageless, the waves they never break
They build and build until you don’t have no escape
But how can I leave?
I just follow my hood to the sea, go to sleep
Los Ageless, parodia de Los Ángeles como centro mundial del entretenimiento, está fuera del tiempo. Las olas nunca rompen a sus orillas, siguen y siguen creciendo, inflándose y tragándose a cualquiera que caiga en ellas. En Los Ageless el invierno nunca llega, las madres le sacan leche a sus hijos, y nadie envejece; es un no-lugar que subvierte el orden natural de las cosas. El centro de donde emana la mayor parte de nuestra cultura popular guarda la esencia del lugar terrible, como la Polonia de Ubu Rey (1.18) o los paisajes atemporales de J.G. Ballard (4.11), Los Ageless es una zona de indistinción, un umbral entre la ficción y la realidad (2.2, 2.7, 4.5).
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