§ 6.4. Atalaya

Al ver las maravillas del Edén, Satán salta sobre el alto y verdoso muro y se asienta sobre el árbol más alto y central del jardín, el árbol de la vida. Al poner a Satán en el punto más alto del jardín —una atalaya por así decirlo—, Milton está abordando a otra de las características del paradeisos: el hecho de que estos parques estuvieran dotados con torres que proporcionaban puntos de vista privilegiados para los cazadores (0.27).

En este sentido, la retórica del poema no deja duda alguna:

Qual lobo, que rapaz la presa hambriento,

Buscando ansioso con dañado intento,

Acecha astuto, donde su rebaño

Vigilante el pastor de noche aprisca,

y las bardas asalta con engaño […]1

Desde luego, la idea de un demonio-cazador adopta una forma definitiva en el imaginario cristiano: el tentador del rebaño divino, que es exactamente lo que Milton tenía en mente:

Así el primer ladrón, Satán malvado,

De Dios en el redil audaz ha entrado […]2

Así pues, si es Dios quien ha dispuesto el jardín del Edén (gan eden) —domus primigenio del humano—, es Satán quien toma la oportunidad y lo transforma en un terreno de cacería; un paradeisos en el sentido persa de la palabra. La frondosa selva del paraíso, llena de escondites umbrosos y abundante presa, es el lugar perfecto para la caza:

Y de palmas fructíferas cubiertos / Intermedios campean los collados:

Con selvas alternan descubiertos / Los campos, las dehesas, y en los prados

Pastan saltando alegres los ganados, / En las márgenes verdes de los valles,

Con arroyuelos de cristal regados, / Estrañas flores, sin espina rosas,

De vistosos colores matizadas […]3

Una vez que la naturaleza, y el hombre mismo, se han convertido en la encarnación del otro, la abundancia y amabilidad asociada a un lugar de placer (en eden las rosas no tienen espinas), se convierten en una invitación a la cacería y la matanza. En la figura de Satán-venator vemos un primer indicio de la teología política implícita en el parque de cacería.

Esta interpretación ortodoxa, que da por hecho la bondad de Yavé al darnos un hogar primigenio, es invertida por el gnosticismo. Según una tradición iniciada por los Ofitas, la serpiente «habría sido el primer ser que intentara liberar al hombre de su sujeción a un dios inconsciente que se había identificado con el Absoluto, impidiéndole el acceso al árbol de la vida eterna»4. Visto así, el dios bíblico es el artífice del paradeisos original y la serpiente el agente de liberación. Gan Eden es realmente el infierno, una suerte de inframundo del que debemos escapar con la ayuda de un ser liminar (0.23) que nos conducirá a un reconocimiento de nuestra condición simultánea de yo y otro, humano y animal.


  1. Milton, Paraíso perdido, 139. ↩︎
  2. Ibíd. ↩︎
  3. Ibíd., 143. ↩︎
  4. Joseph Campbell, Las extensiones interiores del espacio exterior, 100. ↩︎

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