§ 7.15. Guetos negros, guetos judíos

Una anécdota sobre el encuentro del racismo contra negros y judíos:

En 1893, mientras terminaba sus estudios en la Universidad de Berlin, el intelectual afroamericano W.E.B DeBois decidió hacer una breve gira por los países europeos para ponerse al tanto del racismo en el viejo continente. Hasta entonces DeBois —el primer hombre negro en haberse graduado de un doctorado en los Estados Unidos—, había asumido que el racismo estaba relacionado exclusivamente al color de la piel y era un problema exclusivo a su país. Viajó a Italia, Suiza y Polonia y vio de primera mano el tratamiento que los judíos recibían a diario. El problema, se percató, estaba en todos los países que había visitado. De regreso en Alemania, mientras visitaba un pueblo con un compañero de la universidad, dice Duneier,

Dubois notó que la gente actuaba de forma extraña con los dos. Asumió que era por el hecho de que él era negro, hasta que su amigo le dijo en voz baja: «Creen que puedo ser judío. Soy yo el que no les gusta, no tú». DuBois se quedó atónito. No se había dado cuenta de que el cabello oscuro de su amigo había despertado sospechas de que era judío.1

DuBois no solía emplear la palabra gueto para referirse a los barrios negros que empezaron a surgir a partir de la segunda década del siglo XX en muchas ciudades norteamericanas, pero sí trazó un paralelismo entre los barrios negros y judíos: «Rusia ha abolido los guetos. ¿vamos a recuperarlos nosotros?». Y si bien los procesos socioeconómicos que desembocaron en la aparición de los guetos norteamericanos fueron claramente distintos a los de los guetos judíos, es indudable que compartían muchas similitudes: 

Como los judíos en la Europa nazi, los negros fueron estigmatizados como parias. Como los judíos que fueron forzados a llevar estrellas amarillas de David, los negros no podían ocultar su identidad. Los guetos judíos estaban superpoblados, atestados con mucha más gente que la que el espacio podía albergar. Del mismo modo, Harlem y el South Side de Chicago estaban repletos de familias negras que vivían al doble o incluso el triple de la capacidad de los espacios. Los judíos no eligieron vivir en guetos; estaban confinados allí por muros y armas. De igual modo, los negros fueron confinados a las franjas negras mediante el uso de contratos restrictivos, terror y discriminación.2

Más allá de estas semejanzas, los guetos americanos y europeos son producto de la misma topología que subyace no solo a las ciudades modernas (0.28, 7.10, 7.11) sino que también le da una expresión urbanística al tratamiento de la alteridad en Occidente. El otro, si no abiertamente encerrado y negado, debe ser ocultado y relegado a la periferia de la actividad social. Se le debe, en pocas palabras, hacer desaparecer.   


  1. Duneier, Gueto, 18. ↩︎
  2. Freeman, A Haven and a Hell, 9. ↩︎

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