Uno de los casos más reveladores sobre la desaparición del otro en un lugar terrible tal vez sea el del confinamiento de la población nativa de Norteamérica en las más de 300 reservas que existen actualmente de los Estados Unidos y que cuentan con una población total de cerca de un millón de personas. Estas reservas tienen su origen en la tierras que los nativos cedieron, a menudo bajo presión o engaño al gobierno de los Estados Unidos luego de los primeros tratados de paz. Estos acuerdos, que se llevaron a cabo entre entidades con soberanía, fueron violados constantemente por el gobierno de los Estados Unidos, espacialmente cuando se descubría que los terrenos indígenas tenían metales preciosos como oro. En total cerca de 400 tratados fueron firmados y luego violados por el gobierno para apropiarse de 800 millones de hectáreas de territorios nativos. Esta deshonrosa actitud, que ha condenado a las poblaciones indígenas de Norte América desde entonces, fue expresada sucintamente por el jefe Sioux Toro Sentado:
¿Qué tratado ha respetado el hombre blanco que el hombre rojo haya roto? Ninguno. ¿Qué tratado ha hecho el hombre blanco con nosotros que después él haya respetado? Ninguno. Cuando yo era niño, lo sioux eran los dueños del mundo; el sol se levantaba y se ponía en sus tierras. Hasta diez mil hombres iban a la guerra. ¿Quién los ha exterminado? ¿Dónde están nuestras tierras? ¿Qué hombre blanco puede decir que alguna vez le robé sus tierras o un centavo de su dinero? Sin embargo, dicen que soy un bandido.1
Reservas indígenas como la de Pine Ridge en Dakota del Sur son verdaderos guetos sin muros (7.11, 7.13). Infames repositorios de alteridad en los que buena parte de la población sucumbe a la adicción, el alcoholismo, la violencia domestica y sexual y las guerras de pandillas.
La reserva de Pine Ridge —también conocida como la Agencia de Pine Ridge o, en Lakota, la Wazí Ahánhan Oyánke— fue fundada en la esquina suroeste de Dakota del Sur por los Sioux Oglala en 1889, poco después de que Washington desintegrara la Gran Reserva Sioux […] Es más grande que los estados de Delaware y Rhode Island juntos. La población estimada de la reserva oscila entre los 28.000 y los 40.000 habitantes. Además del elevado desempleo, el 49% de los que viven en la reserva lo hacen por debajo del umbral de la pobreza, cifra que asciende hasta el 61% si nos atenemos a los menores de 18 años. La mortalidad infantil es cinco veces mayor que la media nacional. La tasa de suicidio entre los adolescentes es en promedio 159% mayor que la media nacional. Casi 60% de las viviendas, incluyendo chozas de tepe en las que llegan a vivir hasta una docena de personas, carecen de electricidad y agua corriente.2
Las fronteras invisibles que han segregado a la población nativa de America —entiéndase todo el continente, no solo los Estados Unidos (6.10)—, siguen el patrón de extensión “hacía el oeste” del domus y del dominio humano que cancela enormes segmentos de población (y de mundo natural) y los condena al olvido y la alteridad.
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