§ 7.28. Entrenamiento vocacional

El entrenamiento tiene un solo propósito: aprender las leyes y regulaciones…

para erradicar de la mente los pensamientos sobre el extremismo religioso y el

 terrorismo violento, y para curar enfermedades ideológicas. Si la educación

 no va bien, continuaremos proporcionando educación gratuita, hasta que los

 estudiantes logren resultados satisfactorios y se gradúen sin problemas.

Discurso de la Liga Juvenil Comunista China, sucursal de Xinjiang, marzo de 2017

En el 2014, luego de cerca de siete años de crecientes conflictos con la población Uigur, —una minoría musulmana de Xinjiang en el extremo occidental del territorio chino—, la República Popular de China anunció su plan de reeducación de los disidentes de esta etnia por considerarlos una amenaza a su soberanía en la región. Los uigures, que reclaman su derecho a mantener sus costumbres y su religión aparte de las tradiciones de la mayoría de chinos Han que se asentaron en la región entre los años cincuenta y setenta, se convirtieron en el blanco de una persecución política que hace énfasis en tres supuestos males: el separatismo, el extremismo religioso y el terrorismo internacional. 

Con el fin de ejercer control de la región el gobierno chino creó una serie de campos, llamados “centros de entrenamiento vocacional”, que desde un principio recordaron a los campos de internamiento y trabajo forzado que surgieron durante la Revolución Cultural. Para el 2018 se calculaba que cientos de miles de uigures, y personas de otras etnias como kasajos y kirguisos, estaban detenidos en estos campos, sin ningún tipo juicio o proceso legal. Otros estimados, como el del antropólogo Adrian Zenz, elevan esta cifra hasta 1.5 millones de personas que estarían siendo “reeducadas” forzosamente con el fin de “erradicar el virus ideológico” del islam. El hecho que a los prisioneros se les llame “estudiantes” y a lo que sucede dentro de los campos “educación gratuita” solo hace más espeluznante la situación.

El objetivo de estos campos es perfectamente claro. Según el economista uigur Ilham Tohti, sentenciado a cadena perpetua por “separatismo”, 

Lo que quieren es obligarnos a asimilarnos, a identificarnos con el país, de manera que, en el futuro la idea de Uigur será sólo un nombre, pero sin su significado.1

Si bien es el factor ideológico por encima del biológico el que ha impulsado la aparición de los campos de Xinjiang, su propósito revela la esencia de todo gueto o campo, contener la alteridad para evitar su “contagio” (7.6, 7.7, 7.14). Estos campos son pues una enorme maquinaria totalitaria diseñada para convertir alteridad en yo, nacimiento en nacionalidad forzada, periferia geográfica en polis, eliminando así todo lo que no es yo del mapa cultural chino (0.24). El esfuerzo por lograr la desaparición del otro del escenario político parecería apuntar al encierro definitivo del yo dentro de la torre de la polis (7.9), representación de la jerarquía vertical de las estructuras estatales (1.15). La torre que come gente.


  1. “Eradicating Ideological Viruses” China’s Campaign of Repression Against Xinjiang’s Muslims, Human Rights Watch, September 9, 2018, https://www.hrw.org/report/2018/09/09/eradicating-ideological-viruses/chinas-campaign-repression-against-xinjiangs ↩︎

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