Como el gueto y el campo de concentración, las maquilas y las ZPE (Zonas de Procesamiento de Exportaciones), como se le conoce a este modelo en Asia, son una de las iteraciones más recientes del locus terribilis, espacios de excepción donde se producen todo tipo de productos que van desde ropa, zapatos, artículos electrónicos, joyería, juguetes, muebles, maquinaria e incluso automóviles. El origen de las ZPE se remonta a los puertos libres del siglo XIX (8.4), y como las maquiladoras saca provecho de una situación de umbral para establecer una excepción económica en la cual es posible exportar productos terminados directamente a un puerto sin que estos sean declarados bajo la legislación del país en el que se encuentra la zona en cuestión. Esta situación de excepción trae enormes ventajas a las partes implicadas en términos de tiempo, burocracia y, por supuesto, dinero, en particular por que las personas que trabajan en las ZPE están en una genuina tierra de nadie y por tanto no están cobijadas por las leyes laborales de ningún país. En una cultura global de corte neoliberal que convierte el consumo en un espectáculo, las maquilas y ZPEs se han convertido en la tras-escena de la producción industrial, un sector económico que, según la OIT, para finales del siglo XX movía entre 200 y 250 mil millones de dólares.
En No Logo, Naomi Klein hace una buena descripción de la ZPE de la provincia de Cavite en Filipinas que ha absorbido a la municipalidad de Rosario y ahora es considerada como una conurbación de Manila:
Si Nike Town y otras supertiendas constituyen los brillantes portales de los mundos soñados de las marcas, la Zona de Procesamiento de Exportaciones de Cavite en Rosario, a 90 millas al sur de Manila, es la trastienda del boom de las marcas. Después de visitar durante un mes zonas industriales similares de Indonesia, llegué a Rosario a principios de septiembre de 1997, a finales de la estación de los monzones y a comienzos de la tormenta económica de Asia. Me proponía pasar una semana allí porque es la mayor zona de libre comercio de Filipinas, un sector industrial amurallado de 2.75 kilómetros cuadrados que contiene 207 fábricas donde se producen artículos exclusivamente para el mercado de exportación. La población de 60 mil personas de Rosario parecía muy activa; las concurridas y tórridas calles del pueblo bullían de jeeps militares convertidos en minibuses y de motocicletas-taxis dotadas con precarios sidecares, y en las aceras se sucedían puestos de venta de arroz frito, de Coca-Cola y de jabón. La mayoría de esta actividad comercial se dirige a los 50 mil trabajadores que atraviesan Rosario camino a sus trabajos en la zona, cuyo gran portal de entrada se halla en el centro del pueblo.1
En coincidencia con la topología del lugar terrible, Cavite y el resto de las ZPE asiáticas son enormes parques industriales amurallados que alojan cientos fábricas cuyas prácticas laborales son abiertamente depredadoras. Un cerramiento donde, como en un parque de cacería, se ha formalizado una excepción económica a gran escala que más que una zona de producción se asemeja a un campo de trabajo forzado (7.25). El hecho que estos parques industriales de cacería se encuentren en las afueras de las ciudades, en los suburbios (0.28), evidencia no solo su situación liminar sino el carácter fractal del paradeisos como topología subyacente al domus humano (7.11).
- Naomi Klein, No Logo, 230. ↩︎
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