§ 8.9. Economías aisladas

Si para las corporaciones que contratan sus servicios la razón económica de las ZPE es la competitividad (8.6), desde el punto de vista de las fábricas mismas y los países en vías de desarrollo que las permiten es la promesa de industrialización. Desde la década de los setentas, los países del tercer mundo han visto en estas zonas de excepción económica un modelo para estimular la economía al atraer inversión extranjera; una promesa que sin embargo nunca se ha cumplido. Según Klein, los beneficios que los países en vías de desarrollo le ofrecen a las grandes marcas da al traste con esta posibilidad. Las zonas de procesamiento están diseñadas

como un mundo de fantasía para los inversores extranjeros. En las afueras de Rosario se han construido campos de golf, clubes para ejecutivos y escuelas privadas para paliar las incomodidades de la vida en el Tercer Mundo. El alquiler de las fábricas es increíblemente bajo: 11 pesos por pie cuadrado, menos de un centavo de dólar. Durante los primeros años de funcionamiento las empresas se benefician con una exención impositiva que les ahorra los impuestos a las ganancias y a la propiedad. Sin duda reciben un buen trato, pero no es nada comparado con Sri Lanka, donde los inversores de las ZPE pasan diez años sin pagar tasa alguna.1

La realidad es que dado su carácter de excepción económica, estos talleres de explotación engendran una atmósfera perpetua de inestabilidad que sabotea la promesa de industrialización y desarrollo económico. Sus estructuras son transitorias, fabricadas con materiales temporales como si fueran a desvanecerse en el aire en cualquier instante. Sus trabajadores viven en un estado constante de temor, intimidación y desilusión. «En las zonas reina el miedo», dice Naomi Klein, «los gobiernos temen perder sus fábricas extranjeras, las fábricas temen perder sus marcas clientes, y los obreros sus inseguros trabajos. Estas fábricas no están construidas sobre la tierra, sino en el aire»2. En efecto, en términos legales las zonas de procesamiento de exportaciones apenas si están atadas al país donde residen y ni el gobierno municipal ni la policía local pueden entrar en sus confines (¿pues cómo se puede entrar en un umbral?), razón por la cuál todas tienen sus propias fuerzas privadas de seguridad. «Si todo esto da a Cavite el aspecto de ser otro país, dice Naomi Klein, 

ello se debe a que en cierto modo lo es. La zona es una economía libre de impuestos, aislada de los gobiernos municipal y provincial; un estado militar en miniatura dentro de una democracia.3

No sin razón Agamben asegura que un campo es lo que ocurre cada vez que la excepción se convierte en regla (7.26, 8.4, 8.6).

Es una cruel ironía que los países en vías de desarrollo piensen que las ZPE pueden traer algún tipo de beneficio económico cuando legalmente a duras penas están ligadas a la economía local. Pueden generar empleo, pero empleo inestable, mal pago y sin seguridad social. Pueden traer “industrialización” y “progreso” pero a un costo social enorme. Tal comprensión hace evidente que la razón de ser de este modelo desde el punto de vista de la producción es la posibilidad de enriquecimiento por fuera de las regulaciones económicas locales. 


  1. Naomi Klein, No Logo, 234-35. ↩︎
  2. Ibíd., 234. ↩︎
  3. Ibíd., 231. ↩︎

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