LIBERTAD— «Estoy seguro que la palabra libertad no existía antes de que se inventara la esclavitud. Los antiguos griegos tuvieron toda clase de gobiernos —monarquías, aristocracias, plutocracias, democracias—y discutían con fervor cuál de estos sistemas daba más libertad a la gente, pero todos tenían esclavos. Lo mismo ocurría en la antigua República romana. Y otro tanto entre los testarudos terratenientes que fundaron Estados Unidos. Sí, la única definición segura de libertad es no esclavitud».
Alasdair Gray, Pobres criaturas
El abuso a los trabajadores es prácticamente tan antiguo como el trabajo y el modelo de las maquiladoras y las ZPE es solo una de sus transformaciones más recientes. En la larga historia del trabajo forzado que pasa de la esclavitud pura y dura, por la servidumbre por deudas y por las deplorables condiciones de los trabajadores de la primera y segunda revoluciones industriales, hay un capítulo especialmente infame que vale la pena resaltar: el del trabajo sin paga en las cárceles. Para indagar cómo este nuevo modelo de esclavitud se convirtió en una industria multimillonaria es necesario tener claro que «en Estados Unidos reside casi el 25% de la población penitenciaria mundial. Uno de cada tres afroamericanos ha pasado por la cárcel. Hoy en día, el número de afroamericanos sometidos a las fuerzas coercitivas de los correccionales, las prisiones, la libertad vigilada y la libertad condicional es mayor que el número de esclavos que había en el país una década antes del estallido de la Guerra Civil»1.
Este conjunto de circunstancias han llevado a numerosos estudiosos y activistas a declarar que el sistema carcelario de los Estados Unidos, que alberga una cantidad desproporcionada de prisioneros afroamericanos, no es otra cosa que una continuación de las políticas de esclavitud que supuestamente terminaron con la Proclamación de Emancipación (1863) y quedaron codificadas en la Decimotercera Enmienda a la Constitución de los Estados Unidos (1865):
Ni en los Estados Unidos ni en ningún lugar sujeto a su jurisdicción habrá esclavitud ni trabajo forzado, excepto como castigo de un delito del que el responsable haya quedado debidamente convicto.
Esta excepción abrió las puertas utilizar a la población penitenciaria como una fuerza de trabajo barato e involuntario dentro de las cárceles norteamericanas. Qué este tipo de abuso tenga lugar en una democracia moderna podría parecer inconcebible pero si, como argumenta Alasdair Gray, todos las formas de gobierno han mantenido esclavos, es porque la esclavitud —el acto de propiedad que incluye el poder de vida o muerte sobre el otro—, es un componente básico de la soberanía (0.17). Visto así, nuestro tiempo no debería ser una excepción.
La continuidad de la esclavitud se ha hecho posible en gran parte porque el sistema carcelario de los Estados Unidos no está compuesto en su totalidad por prisiones federales —es decir cárceles administradas por el estado—, sino también por prisiones privadas que han contribuido a convertir la criminalización de sectores específicos de la población, como la comunidad afroamericana e hispana, no solo en una ideología sino en un negocio (7.19). La implementación masiva de estas cárceles privadas tuvo lugar durante la administración Reagan cuando el número de presos por la llamada “guerra contra las drogas” ascendió alarmantemente y se hizo necesario crear nuevos centros de detención para dar abasto. Muy pronto, proveedores privados como la Corrections Corporation of America (CCA) —recientemente rebautizada como CoreCivic luego de muchas controversias—, se pusieron al día en las formas de monetizar el aumento en la población carcelaria e incluso se confabularon con ALEC (American Legislative Exchange Council), un think-tank conservador dedicado a redactar legislación e impulsarla en diferentes legislaturas estatales para garantizar un flujo constante de reclusos en sus prisiones.
Bajo una lógica de acumulación que toma a los prisioneros como una fuente potencial de ingresos, prisiones federales y privadas han hecho del trabajo forzado una parte importante de su operación. Fue así como
a lo largo de las décadas, el trabajo penitenciario se ha ampliado en magnitud y alcance. Los trabajadores encarcelados, que trabajan en operaciones internas o mediante acuerdos de alquiler de convictos con empresas con fines de lucro, se han visto involucrados en la minería, la agricultura y todo tipo de manufacturación, desde la fabricación de armas militares hasta la costura de prendas para Victoria’s Secret. Los programas penitenciarios se extienden al sector de servicios; algunos call-centers son atendidos por este tipo de trabajadores.2
Seducidos por una mano de obra cautiva y extremadamente barata, no solo Victoria’s Secret sino otros gigantes corporativos como Walmart, Unilever, Dairy Queen, Fruit of the Loom y GEICO subcontratan presos como fuerza de trabajo. Los salarios son alarmantemente bajos:
El promedio nacional de los reclusos que reciben la menor compensación por su trabajo de mantenimiento en estas prisiones es de 14 centavos por hora, según la Prison Policy Initiative. El promedio nacional de los que reciben más por el mismo tipo de trabajo es de 63 centavos por hora. Los reclusos en Minnesota y Nueva Jersey pueden recibir la tarifa horaria más alta por trabajos de mantenimiento en la prisión: 2 dólares por hora.3
Durante el punto álgido de la crisis del Covid-19, a los prisioneros del estado de Missouri se les pagaba tan solo entre 30 y 71 centavos, por manufacturar desinfectante de manos, papel higiénico y batas protectoras, sueldos que no superan aquellos de las ZPE asiáticas a principios de siglo. «La tiranía y la opresión», ya citamos a John Gray al respecto, «pueden engendrar modos de vida agradables y placenteros, mientras que la existencia de virtudes delicadas puede depender de rasgos humanos de lo más sórdido». (2.1)
En verdad, el hombre solo puede vivir si logra olvidar del todo que aún un hombre es.
- Hedges y Sacco, Días de destrucción, días de revuelta, 78. ↩︎
- Whitney Benns, “American Slavery, Reinvented,” Portside, Septiembre 27, 2015, https://www.theatlantic.com/business/archive/2015/09/prison-labor-in-america/406177/ ↩︎
- Daniel Moritz-Rabson, “Prison Slavery: Inmates Are Paid Cents While Manufacturing Products Sold to Government,” Newsweek, August 28, 2018, https://www.newsweek.com/prison-slavery-who-benefits-cheap-inmate-labor-1093729 ↩︎
Deja un comentario