En parte por su afinidad con la literatura —para entonces las fashionable novels ya habían empezado a confundir ficción con realidad (2.2)—, actitudes como la de Beckford y Byron originaron a una nueva forma de soberanía secular muy acorde a su tiempo:
El dandi posee el arrojo de fundar una nueva aristocracia individual que se materializa en distintos tipos de actitudes […] la singularidad, el distanciamiento, la contención, la celebridad, la originalidad o la rebeldía son las réplicas que este personaje da a una sociedad en decadencia, a medio camino entre el tedio ante las convenciones obsoletas y la incertidumbre ante los nuevo modelos sociales.1
El distanciamiento propio del dandi hace eco del distanciamiento del soberano, y con este consigue su objetivo, ser admirado. Pero no por esto es un simple esnob. Puede que el esnob y el dandi «practiquen la misma religión», dice de Villena «pero la diferencia que hay entre ellos es la misma que un católico encontraría entre una beata de barrio—el esnob—y santa Teresa de Jesús—el dandi—».2 La frialdad de las maneras siempre ha sido un poderoso aliciente para las masas.
Como todas las formas previas de soberanía, esta nueva aristocracia, —secular y altamente individual—, crea una zona de excepción. Mientras la soberanía en su faceta política configura una indistinción entre derecho y violencia (0.10, 1.17, 1.18), el dandismo da lugar a una excepción que «se burla de la regla y la sigue respetando. La padece y se venga de ella sufriéndola; la invoca cuando la elude, la domina y es dominado por ella, alternativamente, en una especie de doble y mutable carácter».3 Sin embargo, esta ambigüedad hacia las convenciones sociales no hace del dandi un individuo desclasado, es más bien sui generis.
Como soberano secular, el dandi hereda la individualidad que previo a la caída del Antiguo Régimen solo le era posible a la realeza (1.12). En efecto, si logra exceptuarse de la moda, esa gran uniformadora, es por que la convierte en un vehículo a ultranza del estilo personal. Su reino es la estética, su principal arma es la opinión.
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