Un día, mientras canaleaba, algo llamó mi atención. En la pantalla había un extraño ser de pelo rubio plástico y facciones angulosas que llevaba traje negro y hablaba en ráfagas rápidas contra un fondo digital que giraba constantemente. No entendía mucho de lo que decía, pero sí lo suficiente como para quedar fascinado con su apariencia y sus actitudes. Su risa era histérica y su voz cambiaba de tono a medida que la transmisión se ralentizaba o aceleraba; por momentos quedaba atrapado en un bucle y repetía sílabas o palabras enteras una y otra vez; quién hubiera pensado que algo parecido a tartamudear podría ser cool. Su saludo era: this is Ma-Ma-Max Headroom.

Max Headroom (fuente: Wikipedia)
Aunque su imagen fuera producto de horas de maquillaje y efectos analógicos, Max Headroom fue comercializado como “el primer anfitrión de TV generado por computadora”. Su humor era ingenioso, sarcástico, autorreferencial y despreocupadamente irreverente, como se esperaría de un rebelde de la era Reagan. Como una inteligencia artificial, estaba perpetuamente interesado por las inconsistencias y contradicciones de la naturaleza humana. Su particular estilo lo convirtió en uno de los comentaristas más populares de su momento:
¿Quién dijo que observar a los Estados Unidos es como ver una película épica? ¿Oscar Wilde? ¿Woody Allen? Ma-Ma-Ma-Max Headroom. Solo piensen, tienen un actor de presidente, asesores económicos llamados ‘proyeccionistas’. Incluso su última estrategia de defensa lleva el nombre de una película, ‘La guerra de las Galaxias’, ¿y por qué elegir este filme? ¿Por qué no algo más suave como ‘Kramer vs. Kramer’? Y, por supuesto, el mundo entero es para ellos solo un teatro de operaciones, excepto cuando están luchando en él. Entonces se convierte en un teatro… de guerra.
Max Headroom es una figura paradigmática de los años ochenta, la über-celebridad de la década y prototipo de la celebridad de nuestro tiempo. En vez de un humano o incluso de una inteligencia artificial, se trata de una superficie lisa y plástica que refleja las expectativas de su público. Es difícil evitar la impresión de que Max Headroom ya no es una imagen (imago) en el sentido barfieldeano del término, se trata de una simple cosa, «una frágil superficie exterior que, no obstante, es la superficie de nada». (2.16, 4.4). Otro inhumano más para la lista de Agamben. (2.13).
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