La tensión e inversión entre interior y exterior (4.2, 4.4, 4.8, 4.10) que abordé a través de la obra de J.G. Ballard, está presente en figura de Max Headroom: el espacio digital que lo rodea es su cabeza (Headroom), su mente se ha exteriorizado y se manifiesta como un espacio (“room”). Él es una imagen que habita en su propia mente.
Esta nueva posibilidad ha hecho que el filósofo Michael A. Weinstein declare: «La mente está en camino de ser exteriorizada nuevamente».1 La espacialización del pensamiento presente en la figura de Max Headroom es, como cabría esperarse, una encarnación de la mente, una idea firmemente ligada a la irrupción de la información como parámetro biológico y social y a la aparición del internet y sus espacios virtuales. En palabras de John Perry Barlow, letrista de The Grateful Dead:
Como resultado de [la apertura del ciberespacio], la humanidad está pasando por la transformación más profunda en su historia. Al entrar en el mundo virtual, habitamos en la información. En efecto, nos convertimos en información. El pensamiento se encarna y la carne es hecha palabra.2
Ahora, si el pensamiento se encarna y la carne se hace verbo, dicha encarnación no podría tener lugar en nuestro cuerpo actual sino en un nuevo tipo de cuerpo “aplanado” que es superficie por dentro y por fuera. Este nuevo cuerpo, característico de la celebridad, es apariencia e información mediática. Recordemos aquí que la carne de Merleau-Ponty se ha convertido en una superficie mediática que envuelve al mundo en su totalidad y que bajo este régimen la celebridad moderna se configura como su cuerpo; el tercero de los cuerpos del rey es una superficie/carne (1.14, 2.16, 4.8).
Deja un comentario